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Los fundadores de Kingston vendieron la empresa por US$1.500 millones, la recompraron por US$450 millones y hoy valdría US$150.000 millones

John Tu y David Sun, dos inmigrantes asiáticos que se conocieron jugando baloncesto en Los Ángeles, protagonizaron una de las trayectorias más llamativas…

John Tu y David Sun, dos inmigrantes asiáticos que se conocieron jugando baloncesto en Los Ángeles, protagonizaron una de las trayectorias más llamativas del sector tecnológico: fundaron Kingston Technology, la vendieron por 1.500 millones de dólares, la volvieron a comprar por 450 millones y años después la compañía alcanzó un valor estimado de 150.000 millones de dólares.

De dos ingenieros inmigrantes a socios en California

Tu llegó a Los Ángeles desde China en la década de los setenta, mientras que Sun emigró desde Taiwán. Ambos eran ingenieros y buscaban una oportunidad en California. La coincidencia en una cancha de baloncesto en la ciudad, durante los años ochenta, terminó convirtiéndose en el punto de partida de su sociedad empresarial.

Su primera empresa fue Camintonn, dedicada a componentes vinculados con la memoria para los ordenadores personales, en una etapa en la que este tipo de equipos empezaba a salir de los laboratorios y de los círculos de aficionados para llegar a oficinas y hogares. Después de varios años de crecimiento, vendieron Camintonn en 1986 a AST Research por seis millones de dólares.

El panorama cambió de forma abrupta con el Lunes Negro de octubre de 1987 en Wall Street, que redujo de manera drástica buena parte de sus ahorros. Tras quedarse casi sin dinero, optaron por iniciar otra vez su camino empresarial en vez de buscar empleo en el sector tecnológico que seguía expandiéndose.

Tu resumió esa etapa con una frase que refleja la forma en la que retomaron el negocio: uno fabricaba y el otro vendía, como habían hecho con su primera empresa.

El nacimiento de Kingston Technology

En 1987 crearon una compañía llamada inicialmente Kensington, pero ese nombre ya estaba registrado por otra empresa. Entonces decidieron adoptar el nombre Kingston Technology, inspirado en The Kingston Trio, y arrancaron la operación en un garaje de Fountain Valley, en California.

A diferencia de otros fabricantes de la industria, Kingston no producía sus propios chips de memoria. Compraba componentes a grandes fabricantes y los transformaba en productos finales como módulos de memoria para ordenadores, pendrives, tarjetas flash y discos SSD. Ese modelo de negocio, sencillo en apariencia, terminó siendo el mismo que la empresa mantuvo con el paso de los años.

En agosto de 1996, Kingston ya estaba valorada en más de 1.800 millones de dólares. En ese momento, SoftBank compró el 80% de la compañía por 1.500 millones de dólares.

La primera venta y el reparto entre los fundadores

La adquisición coincidió con la expansión de las compras tecnológicas impulsadas por Masayoshi Son. Kingston era una empresa rentable, bien posicionada y en crecimiento, justo el tipo de activo que SoftBank buscaba entonces.

Con la operación, Tu y Sun conservaron cada uno un 10% de la compañía, además de recibir 700 millones de dólares por cabeza. Ese reparto fue posible porque los fundadores distribuyeron 100 millones de dólares en bonos extraordinarios entre los empleados como agradecimiento por su trabajo.

La venta dejó satisfechos a empleados y fundadores, pero ninguno salió por completo de la empresa. Ambos siguieron vinculados a Kingston en sus mismos puestos y bajo las mismas condiciones que tenían hasta ese momento.

La recompra por 450 millones de dólares

Tres años después, en 1999, SoftBank volvió a acercarse a Kingston. La burbuja puntocom estaba en su punto más alto y Masayoshi Son quería liquidez para invertir en empresas de internet. Aunque Kingston seguía siendo un negocio sólido, no encajaba con la clase de activo que SoftBank quería en ese momento.

Por eso, la compañía japonesa ofreció devolver el mismo 80% que había comprado por 1.500 millones de dólares, pero esta vez por 450 millones. Tu y Sun aceptaron y recuperaron el control total de Kingston, con 50% para cada uno.

Antes de esa recompra, Tu había contado que en 1996 SoftBank pagó parte de la compra con un pagaré de 300 millones de dólares que debía liquidarse en dos años, pero el banco inversor no cumplió con su parte y se retrasó en ese pago. Según explicó, los fundadores habrían podido recuperar la empresa por contrato en 1998, aunque no lo hicieron y perdonaron la deuda.

Cuando Masayoshi Son decidió vender Kingston, su primera opción fue ofrecérsela a ellos como forma de devolverles el favor que le habían hecho un año antes.

Una empresa privada que sigue creciendo

Forbes señala que Kingston Technology factura alrededor de 14.400 millones de dólares al año y la ubicó en el puesto 28 de las mayores empresas privadas de Estados Unidos. Su valor se estima en 150.000 millones de dólares, impulsado por la escasez de memoria.

Una de las particularidades de Kingston es que, pese a ser una de las tecnológicas más consolidadas, no cotiza en bolsa. No tiene fondos ni inversores externos. La compañía sigue en manos de los dos amigos que se conocieron en una cancha de Los Ángeles hace casi cinco décadas y que lograron hacerse millonarios sin perder el control de la empresa que fundaron.

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