En 2026, varios países de América Latina avanzaron en la recuperación de su poder adquisitivo mediante ajustes al salario mínimo, pero Venezuela continúa en el último puesto de la región, de acuerdo con un análisis de Bloomberg Línea.
Panorama regional
El informe señala que Uruguay, Chile y Costa Rica conservan pisos salariales muy por encima de economías de menor ingreso como Venezuela y Cuba. También destaca que Argentina, Chile, Bolivia y Brasil figuran entre los países que elevaron el salario mínimo con el objetivo de proteger los ingresos de los hogares y frenar presiones inflacionarias.
José Luis Mojica, gerente de Investigaciones Macroeconómicas de Bancolombia, explicó a Bloomberg Línea que estos ajustes respondieron a presiones políticas y sociales para mejorar los ingresos reales, además de mercados laborales relativamente resilientes en varios países.
El caso venezolano
En Venezuela, el salario mínimo arrancó 2026 en 130 bolívares, una cifra que permanece congelada desde 2022 y que no ha tenido porcentaje de incremento. Al tipo de cambio oficial del Banco Central de Venezuela (BCV), ese monto equivale aproximadamente a 23 centavos de dólar.
El salario mínimo mensual se mantiene en 130 bolívares desde marzo de 2022. En ese momento equivalía a unos 30 dólares según la tasa oficial, mientras que ahora representa una fracción mínima de esa cantidad.
En los últimos años, la política salarial del Ejecutivo se ha apoyado en bonificaciones para empleados públicos que no inciden en beneficios laborales. Entre ellas figuran un bono de alimentación de 40 dólares y el llamado ingreso de guerra económica.
El 30 de abril, Delcy Rodríguez anunció que el ingreso mínimo integral de los trabajadores en Venezuela se ubicaría en 240 dólares y que las pensiones pasarían a 70 dólares mensuales, sin mencionar un aumento del salario mínimo.
Riesgos y efectos económicos
Pese a los incrementos registrados en otros países, el reporte indica que en algunos casos esos ajustes apenas compensan pérdidas previas, mientras que en otros sí generan aumentos reales significativos.
Juan Pablo Filippini, profesor de Economía de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral, en Argentina, afirmó que los aumentos del salario mínimo en grandes economías de la región, como Brasil, México, Argentina, Chile y Colombia, no han sido suficientes para producir una recuperación generalizada del salario real en el sector privado formal.
Filippini agregó que un alza del salario mínimo puede absorberse sin mayores impactos sobre los precios si viene acompañada de mejoras de productividad, mayor demanda y más competencia por trabajadores. En cambio, cuando el incremento supera el ritmo de la productividad, especialmente en sectores intensivos en mano de obra y empresas de menor escala, el ajuste puede trasladarse a precios, márgenes empresariales, horas trabajadas, contratación formal o informalidad.
Los especialistas advierten que el principal riesgo inflacionario aparece cuando los aumentos salariales superan de forma sostenida la productividad laboral. En esos escenarios, los costos para las empresas crecen más rápido que su capacidad de absorberlos, lo que puede derivar en menos contrataciones, postergación de inversiones o traslado de costos a los consumidores.
Brechas que persisten
El reporte sostiene que, aunque en 2026 hubo mejoras reales del salario mínimo en la mayoría de los países analizados, no se observa una convergencia regional, sino una ampliación de las brechas. La razón es que los aumentos no se traducen necesariamente en una recuperación generalizada del salario real.
Filippini señaló además que el incremento del piso salarial legal no implica, por sí solo, una mejora del ingreso real de todos los trabajadores. Desde 2016, México y Colombia acumulan aumentos reales mucho mayores; Brasil y Chile muestran trayectorias más moderadas; y Argentina arrastra una pérdida persistente de poder adquisitivo.
Sin embargo, al comparar en dólares corrientes, aparece una convergencia parcial en algunos países hacia un rango cercano a los 500 dólares mensuales. Aun así, las diferencias en productividad, inflación, tipo de cambio y nivel de desarrollo económico siguen marcando distancias importantes entre las economías de la región.