La alianza OPEP+, encabezada por Arabia Saudí y Rusia, inició una evaluación técnica para determinar si las condiciones actuales del mercado petrolero internacional exigen nuevas modificaciones en su oferta de crudo. Este análisis coincide con la reciente entrada en vigor de un incremento en el bombeo que completa la devolución de los recortes voluntarios aplicados el año pasado.
El encuentro virtual reúne a los ministros del área de Arabia Saudí, Rusia, Irak, Kuwait, Kazajistán, Argelia y Omán, quienes representan a un comité clave dentro del grupo de 21 naciones. Estos países han venido revirtiendo de manera progresiva dos reducciones voluntarias adoptadas en 2023, las cuales sumaban un total de 3,85 millones de barriles diarios (mbd). El último ajuste, un incremento de 188.000 barriles diarios acordado hace un mes, se hizo efectivo el pasado 1 de septiembre.
Perspectivas para el cierre de año
Los analistas del sector estiman que el bloque mantendrá sin variaciones su nivel de suministro para el último trimestre de este año. No obstante, las discusiones también se centran en la revisión de informes sobre la capacidad real de producción de cada miembro, datos que servirán de base para calcular las nuevas cuotas que regirán a partir del 1 de enero de 2027, cuya aprobación definitiva está prevista para finales de noviembre. Cabe destacar que las reducciones obligatorias de 2 mbd acordadas a finales de 2022 siguen vigentes hasta el 31 de diciembre, con excepción de Venezuela, Irán y Libia.
Conflictos geopolíticos y cohesión interna
La negociación se presenta compleja debido a la brecha existente entre las cuotas oficiales asignadas y la capacidad real de exportación de varios socios. La infraestructura petrolera de Rusia se ha visto afectada por ataques ucranianos, mientras que las tensiones en el Medio Oriente han mermado el bombeo de otros productores clave. De hecho, la producción conjunta de la OPEP en julio registró una caída del 17 % en comparación con enero, antes del recrudecimiento de las hostilidades que involucran a Irán y de las interrupciones en rutas marítimas estratégicas como el estrecho de Ormuz y el mar Rojo. A estas dificultades se suman las presiones internas, como la salida de Emiratos Árabes Unidos de la organización el pasado mes de mayo para elevar sus suministros de forma independiente, y los reclamos de Irak por obtener una cuota de producción más elevada.
