Once economías a nivel mundial concentraron el 81% de la generación solar, según el informe 2026 del Instituto de Energía británico con datos recopilados hasta 2025 para 92 países. El grupo está conformado por China, Estados Unidos, India, Japón, Alemania, Brasil, España, Australia, Italia, Turquía y Corea del Sur.
El impacto del petróleo caro en la transición
Al revisar la evolución histórica de la producción entre 1965 y 2025, el despegue efectivo de la inversión en estas once naciones ocurrió entre 2003 y 2007. Este período coincidió con un cambio profundo en el mercado del crudo, que dejó de ser barato para convertirse en un factor de incertidumbre económica y estratégica.
Tras los acontecimientos de 2001, los precios del crudo mantuvieron cierta estabilidad temporal. Sin embargo, a partir de 2003, impulsados por la invasión a Irak y una demanda global en ascenso, los precios escalaron desde los 30 o 35 dólares hasta los 70 o 75 dólares por barril en 2007, superando los 140 dólares en 2008. Esta volatilidad incrementó los riesgos de sostener la matriz energética fósil.
Abaratamiento tecnológico y competitividad
Ante la vulnerabilidad del petróleo, la energía solar se consolidó como una respuesta racional impulsada por la caída drástica de sus costos de producción.
El costo nivelado de la electricidad solar también experimentó un desplome notable. Mientras que en 2010 la tecnología fotovoltaica superaba en 414% el costo de las alternativas fósiles, para 2023 ya se posicionaba un 56% más barata. De este modo, la convergencia entre la presión de un petróleo costoso y la mejora tecnológica propulsó el sector, relegando los motivos meramente ambientales frente a la viabilidad económica.




