Economía

Moodys alerta por la baja fecundidad y su efecto económico

La caída global de la fecundidad y el envejecimiento acelerado de la población ya presionan el crecimiento, el empleo y el gasto público, según Moody’s Ratings.

Archivo: Moodys-Madison-Lt-Arty-01.jpg
Crédito: Veggies / Wikimedia Commons

La caída de la fecundidad y el envejecimiento de la población están cambiando las bases demográficas que durante décadas sostuvieron el crecimiento económico mundial, de acuerdo con un informe publicado el 28 de septiembre por Moody’s Ratings. La calificadora advirtió que más de 70% de la población del planeta vive hoy en países con tasas de fecundidad iguales o inferiores al nivel de reemplazo, una tendencia que ya repercute en la oferta laboral, las finanzas públicas, el consumo y los patrones de ahorro e inversión.

El estudio indica que la tasa global de fecundidad bajó de 4,9 hijos por mujer en 1950 a alrededor de 2,2 en la actualidad, apenas por encima del nivel de reemplazo de 2,1. Moody’s añadió que India ya se encuentra por debajo de ese umbral, mientras que China registra una tasa cercana a 0,9 y Japón de 1,2. A juicio de la firma, este descenso dejó de ser un fenómeno aislado y pasó a convertirse en una transformación de alcance global, con efectos directos sobre la evolución de las economías en las próximas décadas.

América Latina forma parte de ese cambio. Moody’s señaló que buena parte de la región tiene hoy tasas de fecundidad comparables a las de Europa y Japón. En ese contexto, Brasil aparece entre los mercados emergentes que avanzan hacia una población de mayor edad. La advertencia no se limita al tamaño poblacional, sino a la velocidad del cambio en la estructura etaria, un factor que puede alterar el comportamiento de la economía incluso antes de que la población total comience a reducirse.

Brasil y otros emergentes ante un cambio demográfico acelerado

Según Moody’s, los países que registran las mayores caídas de la fecundidad en el presente también serán los que envejezcan con mayor rapidez en las próximas décadas. Brasil fue incluido en ese grupo junto con India, Tailandia y Turquía. En el caso indio, el informe remarcó que, aunque todavía mantiene una población relativamente joven, la fecundidad ya cayó por debajo del nivel de reemplazo y su estructura por edades comenzó a modificarse.

La firma destacó que varios mercados emergentes enfrentarán los costos del envejecimiento con niveles de ingreso mucho más bajos que los que tenían las economías avanzadas cuando atravesaron procesos similares. Entre esos costos figuran las pensiones, la atención médica y los cuidados de largo plazo. Esa diferencia de ingresos, según el análisis, puede volver más complejo el ajuste de las cuentas públicas y limitar la capacidad de respuesta de los gobiernos a medida que aumente la proporción de adultos mayores.

El informe plantea que el envejecimiento no es un asunto exclusivamente social o demográfico, sino también financiero. A medida que disminuye la relación entre trabajadores y jubilados, los sistemas públicos afrontan mayores exigencias de gasto. Moody’s sostuvo que esas presiones fiscales empiezan a sentirse mucho antes de que la población efectivamente entre en una fase de descenso, debido al peso creciente de las jubilaciones, los servicios médicos y la asistencia prolongada.

Cuatro vías de impacto sobre la economía

Moody’s identificó cuatro canales principales a través de los cuales el envejecimiento afecta a las economías y a las condiciones crediticias. El primero es la oferta de mano de obra. Un crecimiento más lento de la fuerza laboral puede reducir el crecimiento potencial si no es compensado por mejoras de productividad. Además, los desajustes de competencias pueden derivar en escasez de trabajadores y en presiones salariales, sobre todo en actividades que son difíciles de automatizar o que mantienen una alta demanda.

El segundo canal son las finanzas públicas. Con menos trabajadores por cada jubilado, aumentan las exigencias sobre los sistemas de pensiones y sobre el financiamiento de la salud y de los cuidados de largo plazo. Moody’s señaló que este cambio puede deteriorar la posición fiscal de los países si las instituciones no se adaptan con suficiente rapidez al nuevo perfil demográfico.

El tercer canal es la demanda de los consumidores. Las poblaciones de mayor edad tienden a consumir de manera distinta y, en términos generales, en menor cantidad. El informe prevé una mayor demanda de atención médica, servicios de jubilación, viviendas asistidas, gestión patrimonial y soluciones de vivienda adaptadas para personas mayores. Al mismo tiempo, el envejecimiento puede convertirse en un obstáculo para sectores ligados a la formación de hogares, la educación y el consumo de los grupos más jóvenes.

El cuarto canal son los patrones de ahorro, riqueza y mercados de capitales. Moody’s anticipó que los activos financieros, las viviendas y las empresas privadas pasarán progresivamente de las generaciones mayores a las cohortes más jóvenes, en lo que describió como una de las mayores transferencias intergeneracionales de riqueza de la historia. Ese proceso puede modificar la forma en que se ahorra, se invierte y se distribuye el patrimonio dentro de las economías.

Las opciones que tienen los países

Frente a este escenario, el informe señaló tres herramientas principales de adaptación: ampliar la fuerza laboral, elevar la productividad y reformar las instituciones. En el primer punto, Moody’s indicó que la inmigración puede contribuir al crecimiento de la mano de obra en países con fecundidad por debajo del nivel de reemplazo. También mencionó el aumento de la participación laboral de las mujeres y una edad jubilatoria más alta, aunque aclaró que el margen para aplicar esas medidas varía de un país a otro.

La experiencia de Japón aparece en el informe como referencia de algunas respuestas posibles. Moody’s explicó que la automatización, una mayor participación femenina, una vida laboral más prolongada y una mayor dependencia de trabajadores extranjeros ayudaron a compensar parte de los efectos del descenso y envejecimiento poblacional. Aun así, advirtió que el desafío persiste. La participación laboral en Japón alcanzó 64,1% entre las personas de 15 años o más y 82,6% entre quienes tienen entre 15 y 64 años en julio de 2026. Sin embargo, la firma subrayó que, a medida que se jubilen grandes cohortes de trabajadores de mayor edad, será cada vez más difícil evitar una reducción de la fuerza laboral.

Moody’s añadió que la automatización, la inteligencia artificial y las inversiones en educación y capacitación pueden ayudar a elevar la productividad y permitir que las economías produzcan más con menos trabajadores. También consideró necesario adaptar los sistemas de pensiones, la provisión de atención médica y los marcos fiscales conforme aumenten las tasas de dependencia. En contraste, señaló que las políticas orientadas a elevar la fecundidad, como pagos en efectivo, beneficios fiscales, subsidios de vivienda, servicios de cuidado infantil, licencias parentales y tratamientos de fertilidad, no han logrado en general incrementar de forma sostenida el número de nacimientos.

La conclusión del informe es que estas medidas pueden facilitar la adaptación, pero no revierten por sí solas la tendencia demográfica de fondo. En un contexto con menos consumidores, menos hogares nuevos y menos trabajadores, Moody’s advirtió que la productividad ganará un peso cada vez mayor como soporte del crecimiento económico.

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