América Latina llega a un período de tasas internacionales más altas con una posición más sólida que en crisis anteriores, pero el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advirtió que esa mayor capacidad de respuesta no debe interpretarse como una garantía frente a nuevos riesgos. Laura Alfaro Maykall, economista jefe y consejera económica del organismo, sostuvo que la región ha mejorado su manejo fiscal y monetario, aunque insistió en que debe preservar la disciplina ante un entorno financiero global más exigente.
Durante una entrevista concedida en el marco de un evento del BID en Miami, Alfaro señaló que uno de los indicadores de esa mejora es el comportamiento del costo relativo de la deuda. Según explicó, los diferenciales de crédito de América Latina están en sus niveles más bajos de la historia, incluso cuando el aumento de las tasas internacionales vuelve a presionar a las economías de la región. A su juicio, ese desempeño refleja la credibilidad construida por varios países tras años de ajustes y cambios en su política macroeconómica.
“Es importante mantener un poco la disciplina fiscal porque, en efecto, vienen épocas de tasas de interés más altas”, afirmó Alfaro. También resumió el punto central de su advertencia con otra frase: “siempre hay que ser vigilantes en términos de materia fiscal”. La economista destacó que la región ha podido enfrentar condiciones internacionales más duras sin perder por completo el terreno ganado, pero aclaró que el alza global del costo del dinero sigue siendo una preocupación por su impacto sobre el pago de intereses y sobre el margen de maniobra de los gobiernos.
Una región más preparada, pero no exenta de riesgos
La evaluación del BID parte de que América Latina atravesó en los últimos años una cadena de choques externos, desde la pandemia hasta el reciente aumento del petróleo, y logró absorberlos con mayor capacidad que en otros episodios. Para Alfaro, esa resistencia está vinculada a transformaciones acumuladas en el manejo macroeconómico. Mencionó entre ellas regímenes cambiarios más flexibles, mercados de deuda en moneda local más profundos, sistemas financieros más sólidos y mayores colchones frente a períodos de volatilidad.
Esos avances, sin embargo, no significan que todos los países estén en la misma situación. Alfaro subrayó que las condiciones fiscales varían entre economías y que la advertencia del BID no parte de un escenario homogéneo. Aunque la región muestra señales de fortaleza, el encarecimiento del financiamiento internacional obliga a conservar prudencia, precisamente para no comprometer el espacio fiscal que varios gobiernos han logrado reconstruir después de sucesivos shocks.
La economista insistió en diferenciar capacidad de resistencia e inmunidad. “Somos resilientes, pero la resiliencia per se no es inmunidad”, dijo. Con esa idea, remarcó que la mejor respuesta observada en los últimos años no equivale a una protección permanente frente a nuevas presiones externas. En otras palabras, los avances reducen vulnerabilidades, pero no eliminan el costo de un contexto internacional marcado por tasas más altas ni la necesidad de sostener políticas responsables.
El reto sigue siendo crecer
Alfaro también planteó que la mejora en la capacidad para absorber shocks no resuelve por sí sola el problema de fondo del crecimiento. Afirmó que la región todavía debe trabajar en elevar la inversión y la productividad para avanzar más allá de la simple resistencia a las crisis. “Tenemos que seguir trabajando en aumentar el crecimiento, en aumentar la productividad, en aumentar la inversión”, señaló. A su juicio, esas son las variables que pueden llevar a América Latina a una posición más sólida y menos vulnerable frente a cambios bruscos del entorno externo.
Como ejemplo de esa resiliencia reciente, mencionó el aumento del petróleo y sus efectos sobre países que no producen crudo o gas. Indicó que, pese a ese choque energético, varias economías han mostrado capacidad para absorberlo. Entre las razones citó una mayor eficiencia en el consumo de energía y el peso de fuentes como el agua, el sol y el viento en la matriz energética de varios países latinoamericanos. Esas mejoras, dijo, ayudan a enfrentar choques, pero no sustituyen la tarea pendiente de elevar el crecimiento potencial.
La posición del BID quedó expuesta también durante el evento del organismo en Miami, donde se discutieron los desafíos de la región ante el nuevo escenario financiero internacional. El mensaje central fue que América Latina llega mejor preparada que en otras etapas, con bases macroeconómicas más firmes y costos de financiamiento relativamente favorables, pero todavía debe actuar con cautela. Para el BID, la resiliencia construida en los últimos años es un activo importante, aunque no reemplaza la necesidad de disciplina fiscal en un ciclo de tasas más altas.




