La Real Academia de las Ciencias de Suecia premió a los economistas estadounidenses por sus aportes a la estabilización macroeconómica desde fundamentos micro.
La Real Academia de las Ciencias de Suecia otorgó el Premio Nobel de Economía 2026 a los economistas estadounidenses Robert E. Hall y Michael Woodford, por sus aportes a los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica.
El fallo destacó nuevos modelos para políticas de estabilización
Según el anuncio, ambos desarrollaron modelos macroeconómicos que mejoraron la capacidad de aplicar políticas fiscales y monetarias para reducir los altibajos de la economía en fases de recesión y expansión.
La Academia sostuvo que esa investigación ha dado mejores herramientas para manejar crisis económicas. También afirmó que Hall y Woodford sentaron las bases del paradigma neokeynesiano, en el que los modelos se construyen desde decisiones individuales y empresariales.
La Academia resaltó un cambio en la teoría económica
El texto explicó que los modelos keynesianos tradicionales se basaban en relaciones estadísticas e históricas entre variables como inflación, producción y consumo, mientras que los neokeynesianos parten de fundamentos microeconómicos.
En el caso de Hall, la Academia recordó su hipótesis de 1978 sobre el consumo, según la cual los cambios en ese rubro no podían predecirse porque dependen de nueva información. Sobre Woodford, señaló que su modelo permitió responder con más eficacia a perturbaciones que alteran el equilibrio entre oferta y demanda.
El anuncio añadió que esos modelos son usados actualmente por bancos centrales y ministerios de Finanzas de todo el mundo.
La pandemia y las crisis energéticas aparecen en el balance
La Academia afirmó que la investigación de ambos economistas permitió gestionar crisis macroeconómicas recientes, como la pandemia del coronavirus y las crisis energéticas de los últimos años, de forma más eficaz que antes.
También señaló que, a diferencia de lo ocurrido en los períodos críticos de la década de 1970, esas tensiones no dejaron consecuencias de largo plazo para el crecimiento y la inflación. Aun así, reconoció que las recesiones y los episodios de alta inflación no han desaparecido.