La inestabilidad en Medio Oriente ha generado la perturbación más severa en el mercado petrolero en las últimas seis décadas, según advirtió el Fondo Monetario Internacional (FMI). Las proyecciones del organismo indican que la región enfrentará secuelas económicas prolongadas que impedirán recuperar los niveles de crecimiento previos al conflicto antes de 2030.
Impacto en las rutas comerciales y producción
Durante las reuniones anuales celebradas en Bangkok, Jihad Azour, director del Departamento de Medio Oriente y Asia Central del FMI, alertó que el cierre y las alteraciones en puntos estratégicos como los estrechos de Ormuz y Bab al Mandeb han provocado un choque sin precedentes en la distribución de energía. Este escenario ha derivado en una caída drástica de la producción hidrocarburífera en la mayoría de los países exportadores del Golfo, agravada por el enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán.
Desigualdad en la capacidad de respuesta
Las consecuencias del conflicto no afectan de manera uniforme a todas las naciones. Mientras Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos han logrado mitigar parcialmente las pérdidas mediante el desvío de crudo a través de tuberías hacia el mar Rojo, otros países enfrentan una situación más crítica. Naciones como Kuwait, Catar, Irak e Irán registran una contracción severa, condicionada por su dependencia absoluta del paso por el Estrecho de Ormuz y un menor espacio fiscal para maniobrar ante la crisis.
Aunque el mercado global ha intentado amortiguar el impacto mediante la búsqueda de rutas alternativas y ajustes en la demanda, el FMI enfatiza que la magnitud del daño en la infraestructura y los flujos comerciales requerirá años de esfuerzos para su recuperación total.



