El Banco de España elevó sus proyecciones macroeconómicas para 2026, estimando que el Producto Interno Bruto crecerá un 2,6 %, tres décimas más que la previsión de junio, impulsado por la demanda interna y el sector exterior.

Sin embargo, la entidad advirtió que los precios se acelerarían, proyectando una inflación general del 3,9 % para 2026 y del 3,7 % para 2027, influida por la volatilidad energética y presiones en los servicios.

Resiliencia de la actividad

El avance del PIB en 2026 se mantiene al mismo ritmo que en 2025 (2,6 %), sustentado en la solidez del consumo de los hogares, la creación de empleo y el aumento poblacional derivado del flujo migratorio. La inversión en activos intangibles y el dinamismo de la exportación de servicios, tanto turísticos como no turísticos, siguen compensando el déficit comercial de bienes.

En el ámbito laboral, el organismo prevé que la creación de ocupados se modere progresivamente, pasando del 2,6 % de 2025 a un 2 % en 2026 y a 1,8 % en 2027, lo que mantendrá una tendencia descendente del desempleo hasta alcanzar el 10 % al cierre de 2026 y el 9,7 % en 2027.

Shock energético, inflación subyacente y cuentas públicas

El principal factor de distorsión macroeconómica es el encarecimiento del crudo y del gas natural en los mercados internacionales, derivado del estancamiento del conflicto en Oriente Medio, lo que ha trasladado rápidamente los precios mayoristas de la electricidad en España.

Este fenómeno ha ampliado el diferencial de inflación con la Unión Económica y Monetaria (UEM) hasta 1,2 puntos porcentuales en septiembre. La inflación subyacente, sin energía ni alimentos, se mantendrá en torno al 3,4 % en 2026 y al 3,5 % en 2027, reflejando la rigidez de los precios en hostelería y turismo.