En Alemania, las empresas públicas y privadas con más de 2.000 empleados deben reservar la mitad de los asientos del Consejo de Vigilancia a representantes de la plantilla, en un sistema conocido como Mitbestimmung, o cogestión.
Cómo funciona

Ese 50% lo integran obreros, trabajadores administrativos, representantes sindicales y empleados con cargos ejecutivos, elegidos por votación directa. La otra mitad corresponde a los accionistas.
El Consejo de Vigilancia celebra cuatro sesiones al año y deben convocarse con un año de antelación. Si surge una adquisición, una crisis interna o la destitución de un directivo, se realizan reuniones adicionales.
Entre las compañías que aplican este modelo figuran Volkswagen, Mercedes-Benz y Deutsche Bank.

La experta en gobierno corporativo Claudia De Meulemeester señala que la representación de los empleados en los consejos de administración es una política progresista, aunque también advierte que los sindicatos suelen resistirse a cambios que afecten de forma importante a la plantilla.
Por eso, en la práctica, muchas decisiones se negocian antes de la reunión formal, en encuentros previos entre trabajadores y accionistas. En esos espacios, una parte puede aceptar una reestructuración a cambio de inversiones en determinadas plantas o de garantías de empleo durante algunos años.

El investigador Lionel Fulton explica que este modelo se aparta de la visión predominante en Estados Unidos y Reino Unido, donde el control de la empresa recae en un solo órgano y responde sobre todo a los accionistas.
Benjamin Schoefer, profesor de la Universidad de Berkeley, considera que la cogestión tiene un impacto real, pero limitado. A su juicio, el grado de poder de los trabajadores depende de la configuración institucional de cada país.
Un informe de 2025 del profesor Joachim Wagner, de la Universidad Leuphana de Lunenburgo, concluye que no hay evidencia concluyente de que la cogestión mejore de forma importante el desempeño de las empresas, ni de que lo perjudique.




