Alemania atraviesa un periodo de debilidad económica marcado por el alza de los costos de energía, la presión inflacionaria, la competencia china y el golpe de la demografía. Tras el estancamiento más prolongado desde la Segunda Guerra Mundial, el país apenas crecerá 0,5% en 2026 y aún podría entrar en recesión durante el segundo y el tercer trimestre.
Un crecimiento muy limitado
Las previsiones apuntan a un desempeño muy modesto para la economía alemana, en un contexto de policrisis que arrastra al país desde hace cuatro años. El Gobierno alemán ha rebajado su previsión de crecimiento para este año, mientras persisten los efectos de las guerras sobre la energía y los precios.
A ese escenario se suma la política arancelaria de Estados Unidos, descrita como errática, y la presión de China, que compite cada vez más de forma directa con el tradicional modelo industrial alemán, en especial en sectores como el automóvil y la maquinaria.
La demografía, el factor de fondo
El envejecimiento y la baja natalidad aparecen como el elemento estructural más preocupante. La población alemana disminuirá en 100.000 personas en 2025, según los datos citados, y hasta 2045 podría caer en otros 2,5 millones de habitantes. En paralelo, el país perdería hasta 5 millones de trabajadores, de acuerdo con investigadores del Instituto IW.
