Su nombre está irremediablemente ligado a la historia del Bayern Múnich y del fútbol alemán en general pero también a lo que se considera como la cara oscura del deporte profesional.
Franz Beckenbauer cumplió este viernes 10 de septiembre 75 años y las evocaciones de su figura oscilan entre la gloria del pasado y las sombras recientes que se desprenden de escándalos relacionados con la organización del Mundial de 2006 y también con la concesión de los Mundiales de 2018 y 2022. Su nombre está irremediablemente ligado a la historia del Bayern Múnich y del fútbol alemán en general pero también a lo que se considera como la cara oscura del deporte profesional. Una ironía trágica es que los escándalos lo hayan alcanzado justo en momentos en los que su salud empezó a deteriorarse y tuvo que someterse a varias operaciones de corazón. «Todo lo de los últimos años me afectado mucho. Las operaciones, la historia de 2006. Veo que al final se ha visto que en realidad no pasó nada pero ha sido duro», dijo en una entrevista al diario «Bild», una de las pocas que ha concedido en estos días. La idea de que, con respecto a 2006, no pasó nada es evidentemente demasiado optimista, si le leen las alusiones que se hacen del «Kaiser» en estos días. «Hoy la corrupción y la codicia están asociados a su nombre», señala, por ejemplo, un documental emitido por la Segunda Cadena de la Televisión Alemana (ZDF). El documental de la ZDF se esfuerza por mostrar tanto las distintas facetas de la carrera de Beckenbauer y, también, por establecer un vínculo entre su ascenso irresistible como el icono más grande del fútbol alemán en los años 60 y 70, su posterior trayectoria como entrenador y funcionario y, también, los escándalos posteriores. «Hoy parece ser un prisionero del fútbol. Antes parecía flotar sobre todos los campos del mundo», dice en el documental su biógrafo Torsten Körner. El sistema, sugiere, terminó devorándolo y la opinión pública, que le perdonó todo durante décadas, ha caído sobre él desde que en 2015 salieron a la luz irregularidades durante el proceso en el que Alemania obtuvo la sede para el Mundial 2006. El jugador y el mito
Beckenbauer creció en el barrio muniqués de Giesing y empezó a jugar con los infantiles del SC 1906 Múnich. En esa época el primer equipo de la capital bávara no era el Bayern sino el 1860 Múnich por el que el Beckenbauer estuvo a punto de fichar a los 13 años. «Crecí en Giesing y ese territorio era del 1860. El Bayern era un club de Schwabing y eso nos quedaba muy lejos», explicó Beckenbauer en una entrevista con la revista 51, exclusiva para los socios del Bayern. Sin embargo, un episodio que se ha hecho célebre terminó llevándolo al Bayern. Gerhard König, jugador de las categorías inferiores del 1860, lo abofeteó en un partido y Beckenbauer decidió que nunca jugaría en ese equipo. Con la llegada de Beckenbauer al Bayern su ascenso como jugador y el ascenso del club hasta las más altas cumbres de Europa se entremezclan como si fueran una sola historia. Beckenbauer debutó en el primer equipo del Bayern en 1964, a los 18 años, en un partido que se saldó con una victoria por 4-0 ante el St Pauli y marcó un gol. En 1965 el Bayern ascendió, con Beckenbauer, Sepp Maier y Gerd Müller, a la primera Bundesliga.
En 1966 Beckenbauer ganó la Copa de Alemania con el Bayern y fue subcampeón mundial con su selección. En ese momento ya era un ídolo sin que hubiesen llegado todavía los éxitos más grandes de su carrera. Paul Breitner, compañero suyo en el Bayern, sostiene que con Beckenbauer el fútbol ganó mayor relevancia social en Alemania. Una anécdota que narra Rüdiger Zafranski hacia el final de su biografía del filósofo Martin Heidegger muestra la relevancia que llegó a tener en esos años la figura de Beckenbauer. El director del Teatro Nacional de Friburgo de la época, cuenta Zafranski, se encontró con Heidegger en un tren y quiso empezar con él una conversación sobre literatura. Heidegger prefirió hablar de Beckenbauer al que calificó de «jugador genial» y de «invulnerable» en los duelos por el balón. Mientras tanto el Bayern, que hasta la fecha solo tenía un título, el de campeón alemán en 1932, se hizo grande. En 1967 los bávaros ganaron la Recopa que fue su primer título europeo. En el 69 Beckenbauer ganó su primera Bundesliga con el Bayern. Entre 1972 y 1974 el Bayern se convertiría en el primer equipo en ganar tres temporadas seguidas la Bundesliga y entre 1974 y 1976 ganaría tres veces seguidas la vieja Copa de Europa. En el 72 Alemania se alzó con la Eurocopa, con Beckenbauer como capitán que también ganaría el Balón de Oro. En 1974, en Múnich, la Alemania de Beckenbauer se coronó campeona del mundo al derrotar por 2-1 a la Holanda de Cruyff que era favorita. Las tres Copas de Europa seguidas del Bayern y la derrota en la final de la Eurocopa en 1976 ante Checoslovaquia, con el legendario penalti de Panenka, marcaron el fin del primer capítulo de la leyenda de Beckenbauer que volvió a ganar el Balón de Oro y, en 1976, fichó por el Cosmos de Nueva York donde se encontraría con Pelé. Una máquina de hacer dinero
En la biografía de Beckenbauer hay un personaje clave llamado Robert Schwann. Schwann era gerente del Bayern cuando Beckenbauer fichó con el club y descubrió pronto que podría convertir a la nueva figura del club en una máquina de hacer dinero. Schwann, cuyo cargo en el Bayern al principio no era remunerado, se convirtió también en agente de Beckenbauer y le consiguió varios contratos publicitarios, lo que no era común en ese momento en el fútbol alemán. Alemania fue el último país de Europa Occidental en aceptar la profesionalización total del fútbol. Uwe Seeler, el antecesor de Beckenbauer como capitán de Alemania, tuvo que pedir vacaciones en Adidas para jugar el Mundial de 1970 en México. Beckenbauer, amparado por Schwann, lo apostó todo al fútbol y pronto se convirtió en una máquina de hacer dinero. A Schwann lo llamaban «el señor 20 por ciento», en alusión al porcentaje que cobraba por cada contrato que le conseguía. El historiador Hans Woller, en un libro titulado «Gerd Müller o cómo el dinero llegó al fútbol», sostiene además que Schwann creó un sistema de pagos adicionales, a espaldas del fisco, para aumentar los ingresos de Beckenbauer y el resto de estrellas del Bayern Múnich. El sistema, además, contaba además con la complicidad de personas que pertenecían al gobierno regional bávaro. En 1976 Beckenbauer se vio inmerso en el centro de un escándalo mediático después de que una revisión detectase que había ocultado al fisco ingresos por valor de 1,8 millones de marcos (unos 900.000 euros actuales). El ministro de Finanzas bávaro, según Woller, se ocupó de que el caso no pasara a mayores. «Beckenbauer se hizo grande en un sistema en el que todo le estaba permitido y terminó convencido de que era así», ha dicho Woller recientemente. Walter Beckenbauer, el hermano del «Kaiser», sostiene que Schwann creo un sistema en el que «Franz encontraba resueltos todos los problemas y eso le impidió hacerse adulto». La marcha al Cosmos pudo haber tenido que ver en parte con el escándalo de evasión fiscal y en parte con la separación de Beckenbauer de su primera esposa. Schwann tuvo que ver con el traspaso y terminó dejando el Bayern por conflicto de intereses. Una ironía del destino es que Schwann murió justo en 2015, el año en el que estalló el escándalo por las irregularidades del Mundial 2006.