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Jesús Alirio Romero Ferrer escribió muchos de los mejores capítulos en el libro del baloncesto zuliano y venezolano. Siendo uno de los máximos referentes de la disciplina en la región, “Camarón” colocó la pluma a un costado y dejó indeleble su legado para la eternidad.
, tras luchar contra una dura enfermedad que lo fue alejando de las canchas, de las que nunca quiso distanciarse. Más de tres décadas entre los tableros, destacando como asistente, entrenador y directivo, cosechando éxitos que lo convirtieron en la figura zuliana de mayor impacto en los tabloncillos.
Romero fue uno de los arquitectos en los cuatro títulos musicales en la Liga Profesional de Baloncesto (LPB), uno de ellos como estratega (1985) y el otro como mano derecha del legendario Pedro “Camagüey” Espinoza (1984). Ambos sobre Guaiqueríes de Margarita.
“Él (Romero) fue asistente de “Camagüey” con Venezuela en el Suramericano de 1987, Panamericanos de Indianapolis (1987) y en el Preolímpico de Montevideo (1988). En ese último año, Espinoza le dijo a la Federación (Venezolana de Baloncesto) que ya no iba más. Se suponía que ‘Camarón’ iba a dirigir. De hecho, se lo ofrecieron”, recordó el historiador y analista Freddy Chavier.
Los Romero decidieron comprarle la plantilla musical a Raúl Morales y así abrieron las puertas para que Jesús Alirio asumiera la presidencia de la organización, dejando atrás la propuesta de manejar el combinado nacional y a algún otro conjunto en el circuito local.
Paúl Romero Ferrer, quien fue su socio durante más de 20 años y luego sostuvo una disputa legal por el control del club, que partió en dos al grupo familiar, expresó con dolor la pérdida de su hermano.
“A pesar de todo lo que sucedió, lo que la gente diga, él (Jesús Alirio) era mi hermano… Lo quise como a un hijo y por más que hubo diferencias nunca hubo un sí, ni un no…” afirmó Romero Ferrer, entre lágrimas. “Fue un hombre que quiso mucho al básquetbol. Tuvo sus defectos, pero fue una gran persona y yo lo digo de corazón. Esa es la imagen que llevó de mi hermano y es la que siempre llevaré”.
Como propietario, “Camarón” igualmente disfrutó el éxito en 1996,cuando Gaiteros añadió su tercer trofeo a las vitrinas tras doblegar a Marinos de Oriente (hoy Anzoátegui). En 2001, volvió a lo más alto después de vencer a Bravos de Portuguesa. Siete años más tarde, vivió su última final como directivo, en derrota de los furreros frente a Cocodrilos de Caracas.
“Desde que se fundó Gaiteros estamos juntos. Él me dio la oportunidad de comenzar una carrera, cosa que le agradeceré siempre. Vimos nacer a mi primera hija. Estábamos los dos solos en la clínica… Nosotros eramos como hermanos. Siempre me consideró un hijo y ese día le dije que no porque yo era 10 años menor que él”, recordó Gustavo García, exjugador y exestratega de los parroquianos.
Para García, el éxito que alcanzó “Camarón” fue producto de su caracter competitivo. “A él no le importaba si habían problemas, si había plata, lo único que le importaba era que el equipo funcionara para que el fanático se sintiera satisfecho. Fue difícil, pero nos dio muchas satisfacciones”.
Su hijo Paúl Romero Cavallo tomó el testigo que dejó su padre, defiendo su legado, más recientemente cuando recibió un fallo a su favor desde la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), a solo horas de iniciar la presente campaña del baloncesto profesional.
“Creo que de parte y parte, nos perdonamos. Dios es grande, pero no me dio la satisfacción de hablar con él (Jésus Alirio), ya que una hermana me dijo que él quería resolver esta separación. Lamentablemente, hubo personas que no me permitieron verlo y conversar con él… Nunca sentí rencor hacía él.. Nunca lo olvidaré”, afirmó su hermano Romero Ferrer.
“En este momento no quiero saber de baloncesto ni de un carajo… Perdí a mi hermano y espero que me disculpen… Mi hermano no fue un hombre malo. Le hizo bien al deporte y él merece que hablen bien de él y que Dios lo reciba en gloria…”, agregó el coronel retirado, consumado en llanto. “Camarón” fue un genio apasionado del baloncesto. Un ícono de la disciplina en el país. Artífice de la mejor época de un Gaiteros del Zulia, que llenó cada rincón del “Belisario Aponte” y que necesita reinventarse para seguir escribiendo páginas de gloria.