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Giselle, la primera mujer venezolana en lograr el Denali, con la mira en el Everest

Llega con pocos minutos de retraso y un aguacero a sus espaldas. El tiempo lo resarce con su pasión. Habla con tesón de cada una de las actividades emprendidas, de las metas trazadas y los sueños logrados. Reconoce que el éxito alcanzado en el Denali la tomó por sorpresa. No esperaba el recibimiento propinado en el país. “Venezuela está ávida de buenas noticias”, se explica, mientras admite que al leer los mensajes en su instagram se le han salido las lágrimas. 

 

Giselle Cesin se coronó en junio como la primera mujer venezolana en alcanzar la cumbre del pico más alto de Norteamérica, ubicado en Alaska. Esta montaña también es considerada la más fría del mundo y una de las más complejas en lograrse. Para el momento en que la joven abrió el tricolor nacional y las lágrimas tomaron por asalto sus emociones, desconocía la impronta que marcaba con su hazaña. Su compañero le dio la buena noticia.

 

Cesin tiene 29 años y es una apasionada de los deportes.

 

Hoy, ya en su país y con la mente en otras cumbres, señala: “No me importan los récords, los títulos. En todo caso espero que esto sirva para que la gente entienda que no hay estereotipos, hombres y mujeres pueden lograr lo que se planteen”. Para ella su principal estímulo es el sentimiento nacional, el incentivar, el ser promotora de buenas noticias. No en vano es comunicadora social, relacionista pública, actividad que desempeña al unísono, mientras prepara su equipo. 

 

Los días de Giselle comienzan a las 4:00 am con su rutina de ejercicio. Cada vez que puede toma por asalto su mejor gimnasio, el más espléndido y el que la llena más de energía: el Ávila. La mujer de 29 años se reconoce absolutamente venezolanísima. Lo primera en meter en su equipaje, en cada nueva expedición, es la Bandera Nacional. Ese pedazo de tela tricolor la ha acompañado en varias aventuras.

 

Ahorita festeja el Denali, se prepara para Bolivia, luego Ecuador. Cada nueva cumbre tiene por objetivo un gran sueño, una gran meta: el Everest, la máxima cumbre, el reto de cada expedicionario, de cada apasionado de las alturas. Para abril del próximo año se concretaría este ansiado encuentro, si el cronograma y las condiciones físicas se cumplen a plenitud. 

 

En el 2012 fue operada del corazón. No se venció.

 

Mientras habla de su próxima escala, Bolivia, donde afrontará cerca de 10 nuevas montañas, “más técnicas que Denali”, un mensaje en su celular la abstrae de la entrevista. Enseguida aflora una risa. Quien le escribe es su papá, quien en tono fraternal le recrimina su nuevo viaje. “No has terminado de llegar de una montaña y ya te vas a otra. No descansas”, reza el mensaje. Es que en realidad no ha pasado un mes desde su regreso al país.

 

Pero así es la vida de esta expedicionaria. Vive a millón, sin frenos. La pasión no acepta cortapisas. Desde los 13 años supo que los destinos extremos serían su vida. El mejor regalo de la adolescencia, esa compleja etapa de la vida, lo recibió de los seis héroes del Proyecto Cumbre. Los primeros venezolanos en alcanzar la mística montaña del Himalaya. 

 

Mientras toma un café recuerda esa compleja fecha. Sus padres se separaban y la rebeldía marcaba su camino. Atrás habían quedado las canchas de básquet, de fútbol, la piscina. Todo lo que hasta ese momento la había llenado. “Incluso ya fumaba”, reconoce. Hasta que los héroes nacionales la rescataron. “Me obsesioné con la montaña. Le dio rumbo a mi vida en ese momento”. 

 

La hazaña de Proyecto Cumbre “le dio razón a mi vida”.

 

Así es como Él Ávila se convirtió en su primer gran reto. No hay pico del Waraira Repano que no haya sido explorado por Cesin. Cada nuevo camino la conduce al Himalaya. Sin embargo, en el 2012 este sueño debió ser puesto en pausa, como ella misma lo admite. Una operación del corazón le implicó un fuerte traspiés. “Tienes que dejar de hacer lo que estás haciendo”, fue la sentencia médica. 

 

No obstante, la atleta se negó a dejar morir sus aspiraciones. Hace casi dos años contrató a un entrenador personal y de poco a poco fue construyendo nuevamente su cronograma de éxitos. Luego de entrenar más de un año, de tener la expedición lista, buscó al cardiólogo Carlos Calderas, uno de los héroes del Proyecto Cumbre. “Necesitaba que alguien que supiera a qué me voy a exponer me revisara y me dijera cómo estaba y si podía seguir. Mientras me examinaba fueron minutos de gran estrés. Hoy tengo el okey de mi médico”. Así partió para Denali. 

 

Es consciente de los riesgos que implican cada nueva aventura. No son pocos los escaladores que han fallecido tras perseguir sus sueños. “Sé que es un riesgo que existe, como también que me den un disparo en Caracas. El miedo no me va a parar. Como dijo José Antonio Delgado: ‘lo mejor que puedo hacer con la muerte es aprovechar la vida’”.

 

El tricolor nacional es lo primero que mete en su equipaje.

 

Explica que el miedo en la montaña no es mal compañero; te permite ser precavido y centrado en cada paso. “Si te crees Dios llegan los accidentes. La adrenalina te ayuda a recatarte”.

 

Por lo pronto, su calendario está marcado por nombres de montañas. Giselle está consciente de los sacrificios personales a los que se impone, pero espera que las pocas horas familiares, el poco tiempo para parejas, sea recompensado y puede ondear sus bandera en lugares inhóspitos, para seguir siendo portadora de buenas noticias.

 

 

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