Un proyecto busca alejar a los jóvenes del narcotráfico y la delincuencia con la práctica deportiva.
La guerra contra la violencia en Brasil se puede dar a punta de golpes y patadas, una premisa que cientos de niños y jóvenes de favelas en Río de Janeiro aplican con Abraço Campeão (Abrazo de campeón), la iniciativa que busca alejarlos del narcotráfico y la delincuencia con boxeo y artes marciales. Más de 200 participantes entre los 7 y los 29 años hacen parte del proyecto. Todos viven en el Complexo do Alemão, un deprimido conglomerado de favelas donde el mar es lejano y los tiroteos constantes.
La sede está localizada a la entrada de la favela del Adiós, una de las 15 barriadas que componen el complejo, en un predio baldío que ha sido adecuado como centro de entrenamiento sin lujos ni grandes dimensiones, pero de forma impecable. Una cancha pública de fútbol brinda el espacio para las prácticas al aire libre y muros de más de cuatro metros de altura resguardan sus alrededores de las balas en medio de la turbulenta cotidianidad de esa comunidad. Cerrado durante casi cinco meses por la pandemia del coronavirus, el proyecto colgó los guantes del box y vistió los de la solidaridad convirtiéndose en uno de los ejes logísticos que ayudó a calmar el hambre durante el confinamiento social. Hace dos meses retomó actividades con el doble de estudiantes.
Primer round: lucha contra la violencia La zona norte de Río, donde se levanta el complejo, es una de las más afectadas por los conflictos armados y la que registró el mayor número de tiroteos en 2019, una realidad con la que despiertan cada mañana sus habitantes y con la que despiden la noche antes de dormir. En cifras reales, unas 2.400 balaceras se registraron en esa región el año pasado y de ese total, 275 fueron en el Complexo do Alemao, casi una diaria. Los tiroteos son ocasionados por las disputas territoriales entre bandas criminales y por los enfrentamientos de estas con la policía, un eterno círculo vicioso que impone el peor de los confinamientos, pues además de obligar el cierre de escuelas, centros de salud y comercios para salvaguardar las vidas, deja traumas y muertes por balas perdidas. Los más jóvenes no son ajenos a esa realidad y muchos de ellos caen en el abandono escolar, el embarazo precoz o el tráfico de drogas. «Es increíble que Elon Musk está pensando en colonizar Marte y nosotros tenemos gente en favelas sin saneamiento básico, sin educación. Yo no acepto esa realidad y toda la energía y esfuerzo de estas unidades son para cambiar lo que pasa dentro de las favelas de Río de Janeiro y de Brasil», explicó a EFE Alan Duarte, su fundador.
Para Duarte, Abraço Campeão es una gran familia donde los alumnos encuentran el cariño, el apoyo y la comprensión que no reciben en sus casas. «Somos un abrazo para el que lo necesita», dijo. A su 32 años, este hombre ya ha sentido en carne propia los azotes del racismo, la pobreza y la violencia. Nació y creció en la favela del Adiós -donde vive actualmente- y tras ver morir a buena parte de su familia por culpa de las balas decidió iniciar un proyecto parecido al que le abrió las puertas al mundo. Segundo asalto: nace la idea El proyecto nació en 2014 tras el asesinato de su hermano mayor. Jackson murió por un tiro en la cabeza disparado desde un carro a plena luz del día. Él y otros nueve familiares de Duarte perdieron la vida por armas de fuego. Abandonado por su padre y criado prácticamente por su hermano, tras la ausencia de una madre entregada al trabajo para sostenerlos, el ya retirado pugilista conoció de joven el boxeo con la ONG Lucha por la paz y brilló con este deporte. De adolescente caminaba 40 minutos para llegar al centro donde se entrenaba en Maré. El esfuerzo lo llevó a competir en Brasil y hasta llegó a luchar en Sudáfrica e Inglaterra en la categoría medio-medio (hasta 75 kilos).
