AFP
Las Havaianas pasaron de ser las chanclas de los pobres en Brasil a un complemento de moda en todo el mundo, una historia de éxito que pasó a nuevas manos en medio de los escándalos de corrupción del gigante latinoamericano. Alpargatas, su empresa madre, era controlada desde 2015 por el grupo J&F, de los hermanos Joesley y Wesley Batista, los mismos que lideran el mayor imperio cárnico del mundo, JBS, y tienen contra las cuerdas al presidente Michel Temer. Envueltos en varios escándalos de corrupción, los Batista confesaron sus crímenes y accedieron a pagar una multa récord de 10.300 millones de reales (unos 3.200 millones de dólares al cambio actual) en 25 años para no pisar la cárcel. Para sobrevivir al escándalo, J&F empezó a vender activos. La semana pasada transfirió por 3.500 millones de reales (USD 1.100 millones) su paquete de 54,24% de acciones de Alpargatas a tres holdings bancarios: Cambuhy Investimentos y Brasil Warrant, de los Moreira Salles, e Itaúsa, el grupo que controla Itaú, al mando de la familia Setubal y de Pedro Moreira Salles.
En la calle, casi nadie sabe del cambio de dueños de esta icónica marca que empezó a funcionar en 1962, inspirándose en las sandalias japonesas de paja de arroz. Su modelo de caucho tomó prestado el nombre de la capital del exotismo de la época, Hawai. Hoy, de los cientos de tiendas oficiales en todo Brasil, siguen entrando y saliendo clientes fascinados con su universo multicolor: hasta 150 modelos diferentes que van de sandalias básicas por el equivalente de 5 dólares, a diseños más estilizados con estampados tropicales por 10 o con piedras incrustadas de Swarovski por más de 60. En una luminosa tienda cerca de la playa de Copacabana, Solange Brascher, una empresaria de 55 años, compra un par de Havaianas a su hija. «Antes existía el prejuicio de que eran sandalias de pobres, pero ahora las usan todas las clases sociales porque son ‘cool'», dice sonriente.
En este barrio turístico de Rio de Janeiro prácticamente no se ve otro calzado. Lo llevan los sin techo que dormitan en las esquinas, los oficinistas que se apresuran a tomar el autobús y los turistas yendo al mar. Con más de 200 millones de pares vendidos al año, un 16% en el exterior, las Havaianas son un símbolo de Brasil junto al fútbol y la samba. «Ya compré diez pares y quiero comprar otros diez para mis amigos, porque en Europa son mucho más caras», confiesa Beatriz Rodrigues, una turista portuguesa de 18 años.
