AFP
Aislada en la comunidad internacional, Corea del Norte dispone ahora de un modesto aliado en la costa española. Se trata del Pyongyang Cafe, un pequeño bar en Tarragona para apoyar al régimen comunista de Kim Jong-Un. Si bien el gobierno de Pyongyang posee una cadena de restaurantes presente en varios países asiáticos, éste es el único bar en Occidente ambientado en Corea del Norte, asegura su fundador. En 2012 se inauguró uno en Amsterdam, pero cerró pocos después. Ubicado en el centro de esta ciudad catalana conocida por sus ruinas romanas, el bar luce una enorme bandera norcoreana pintada tras la barra, en la que sirven tés típicos del país y cervezas asiáticas.
La decoración es moderna, alejada de la tradición asiática. Carteles de propaganda socialista traídos desde Pyongyang salpican las paredes. En un rincón, una estantería contiene obras en español de los líderes de la dinastía Kim que dirige el país desde 1948. «Corea del Norte es la gran desconocida del mundo», dice su fundador, el español Alejandro Cao de Benós, presidente de la Asociación de Amistad con Corea. «Queremos romper con todos esos mitos, esa manipulación. Y como mucha gente no puede ir a Corea, porque es complicado y está lejos, pueden acercarse a nuestro café», explica. Nombrado en 2002 como delegado especial de relaciones culturales internacionales de Corea del Norte, Cao de Benós es el único occidental con un cargo, aunque honorífico, en el régimen de Pyongyang. Aparece en numerosos medios para defender este país constantemente en el ojo del huracán por sus pruebas nucleares y las denuncias de violación de los derechos humanos. «El acceso a la alimentación, el tener vivienda o trabajo se cumple mucho más en Corea del Norte que en cualquier otro país capitalista. Esos son los verdaderos derechos humanos en los que creemos», dice.
Según él, Pyongyang es víctima de una difamación por no someterse a Estados Unidos y a las doctrinas occidentales. Además, descalifica estas denuncias basadas únicamente en el testimonio de refugiados, ya que no se puede acceder al país. «No se trata de una campaña orquestada. Tenemos decenas de miles de personas describiendo la misma imagen del país», indica por teléfono Sokeel Park, de Liberty in North Korea, una asociación de ayuda a refugiados norcoreanos en Seúl.