Lo que en 1922 era una simple broma literaria de un joven escritor de Providence, hoy es un fenómeno que ha saltado de las páginas de la ficción a las estanterías de las librerías. El Necronomicon, ese libro maldito que nunca existió en ninguna biblioteca real, ha regresado al mercado con una nueva y voluminosa edición española.
Claves
- — El libro nació como una invención de Lovecraft en 1922
- — Existe una nueva edición de 648 páginas en España
- — En 1977 se publicó una versión física real como pastiche
El origen de un mito literario
Howard Phillips Lovecraft introdujo el concepto del libro maldito por primera vez en su relato ‘El sabueso’, escrito en 1922. Aunque el autor siempre fue claro sobre la naturaleza ficticia de su obra, llegando a confesar en una carta que nombres como Abdul Alhazred o el propio Necronomicon eran inventados, el impacto de su narrativa fue tal que el objeto pasó a formar parte de la mitología literaria junto a otros libros imposibles de la literatura.

A lo largo de su producción, el autor dotó al volumen de una cronología apócrifa que situaba su redacción en el Yemen del siglo VIII. En relatos como ‘La llamada de Cthulhu’, el libro ya aparecía con citas textuales, consolidando un universo donde el conocimiento prohibido es un eje central de la trama.
De la ficción a la realidad comercial
La frontera entre la imaginación y la realidad se desdibujó en 1977, cuando la ficción se transformó en mercancía. En aquel entonces, se publicó una versión física del libro, un pastiche de mitología sumeria y babilónica. Detrás del proyecto estaba Herman Slater, quien buscaba ofrecer a sus clientes un objeto tangible que satisficiera la curiosidad por lo esotérico.
648 páginas de la nueva edición española
Incluso figuras de la literatura como William S. Burroughs firmó un texto de acompañamiento para una de estas ediciones, mientras que otros estudiosos, como el mago británico Kenneth Grant, sostenían que las historias de Lovecraft podrían haber absorbido enseñanzas de sectas reales que un practicante podía llegar a invocar.
