Binance afronta una prueba de confianza después del mayor robo conocido de criptomonedas. El 29 de octubre, la plataforma sufrió un ataque informático en el que los delincuentes sustrajeron activos digitales valorados en unos 6.300 millones de dólares, y el golpe no terminó en la cifra del robo: comenzó cuando los clientes volvieron a mover su dinero.
La empresa mantuvo suspendidas las retiradas durante aproximadamente dos días. Luego, al reactivarlas el domingo 1 de noviembre, se produjo una salida masiva de fondos que obligó a mirar más allá del hackeo y preguntarse qué tan sólida seguía siendo la relación entre el exchange y sus usuarios.
Retiradas por 7.400 millones y una salida neta de 4.720 millones
Según The Wall Street Journal, los clientes retiraron unos 7.400 millones de dólares tras la reapertura de los retiros. Esa cifra, sin embargo, no representa toda la fuga de capital: durante el mismo periodo también ingresaron alrededor de 2.700 millones.
El balance fue una salida neta de unos 4.700 millones de dólares, cifra que Reuters ubica con mayor precisión en 4.720 millones. Ese monto equivale a cerca del 3% de los activos que Binance custodiaba, una proporción importante, pero lejos de describir por sí sola un colapso inmediato.
La empresa promete cubrir las pérdidas y el FBI apunta a TraderTraitor
Binance sostiene que los usuarios no asumirán las pérdidas del ataque. La compañía afirma que está usando recursos de su tesorería, su fondo de emergencia SAFU y parte de un fondo de seguros para reponer los activos afectados, y asegura haber completado aproximadamente el 95% de ese proceso en una comunicación oficial.
El 5% restante corresponde, según esa explicación, a criptomonedas menos líquidas, más difíciles de adquirir en grandes cantidades. Además, la empresa publicó una prueba criptográfica de reservas para verificar una cobertura mínima de uno a uno para diez activos, aunque eso no equivale a recuperar el dinero robado ni a una auditoría integral.
Por su parte, el FBI atribuyó posteriormente la operación al grupo TraderTraitor, vinculado a Corea del Norte. Esa atribución reforzó la lectura de que el problema fue un ataque dirigido al entorno de Binance, no una falla de la tecnología blockchain en sí misma.
El golpe llega cuando la confianza ya venía golpeada
La reacción de los clientes no ocurrió en el vacío. Binance ya arrastraba un historial de tensiones regulatorias y legales, incluido el acuerdo de 2023 en el que se declaró culpable ante la justicia estadounidense por infracciones vinculadas con prevención de blanqueo de capitales, sanciones económicas y obligaciones de registro, además de pactar el pago de aproximadamente 4.300 millones de dólares. Su fundador, Changpeng Zhao, también se declaró culpable por incumplir obligaciones contra el blanqueo.
En otro frente, la SEC retiró en mayo de 2025 una demanda civil contra varias entidades vinculadas a Binance, incluida su plataforma estadounidense, sin que existiera una sentencia sobre el fondo del caso.
En paralelo, la empresa enfrentó obstáculos en Europa: al finalizar el periodo transitorio del reglamento MiCA, el 1 de julio, no había obtenido la autorización exigida para operar bajo ese marco, después de retirar su solicitud en Grecia. En Francia, su antiguo registro quedó sin validez y la empresa comunicó restricciones a clientes de varios países.
El mayor robo conocido de criptomonedas ya dejó su cifra, pero el examen más duro para Binance es otro: demostrar que puede proteger los fondos que administra y responder cuando falla. Por ahora, la salida de dinero fue fuerte, pero no desembocó en un pánico total; la confianza, sin embargo, quedó sometida a una presión difícil de ignorar.





