Jazmín Nava, de 31 años, y madre de Alexander Ríos, de 4 años, solicita ayuda para ser trasplantada de riñón y abandonar la máquina de hemodiálisis de la que depende su vida desde el 26 de enero de 2016, a causa de una insuficiencia renal crónica, por glomerunefritis.
“Quiero volver a mi calidad de vida, a llevar una vida normal con mi hijo, para verlo crecer lejos del desgaste de la máquina de diálisis”, asevera la joven marabina, quien trabaja como administradora de un colegio privado, en visita a PANORAMA.
Ella tuvo listo en agosto del año pasado todo el protocolo exigido para la colocación del injerto cadavérico en el Hospital Universitario de Maracaibo (HUM), pero sufrió de megalonucleosis, hipertensión arterial y severos problemas digestivos, y ante la no realización de este procedimiento quirúrgico allí y en el resto de los centros asistenciales públicos del país, comenzó a gestionarlo en la clínica Santa Sofía, en Caracas, con la nefróloga Candelaria Rodríguez.
A Jazmín le donará el órgano su mamá, Lesbia Coromoto Nivar, de 59 años, quien se ofreció desde cuando le dieron le diagnosticaron la enfermedad, y en el examen realizado hace un mes en el HUM resultó compatible.

