Cuatro meses después del doble sismo que sacudió Venezuela, vecinos de El Junquito dicen que la ayuda oficial ha sido escasa y desigual: mientras hay trabajos en la carretera y en la zona de los derrumbes, familias desplazadas siguen viviendo en carpas y esperando respuestas sobre vivienda, apoyo económico y exoneraciones.
Claves
- —En la zona más golpeada de El Junquito cayeron tres edificaciones y en una panadería murieron seis personas.
- —En el centro del pueblo hay carpas azules para más de 40 familias, algunas afectadas por el terremoto y otras desalojadas hace 15 años por lluvias.
- —Comerciantes de la zona afirman que, tras el sismo, también siguieron las cobranzas de impuestos y no llegó apoyo suficiente para reponer pérdidas.
Escombros, maquinaria y una asistencia que avanza lento
El recorrido por la carretera vieja hacia El Junquito todavía muestra daños y reparaciones a medias. En varios tramos hay maquinaria levantando muros de contención, cambiando tuberías de agua y reparando la vía, que quedó expuesta al vacío en una zona cercana al kilómetro 13.

Ya en el pueblo, la zona más afectada por el terremoto sigue marcada por el colapso de tres edificaciones. En una de ellas funcionaba una panadería con clientes adentro; allí se recuperaron seis cadáveres.
En el lugar trabajan obreros y una retroexcavadora con apoyo del Gobierno para despejar escombros de dos de los edificios que cayeron. Aun así, quedan estructuras inhabitables por demoler y el avance, según habitantes de la zona, ha sido lento.
Vecinos consultados señalan que la mayor urgencia no es solo retirar ruinas, sino recibir apoyo habitacional, exoneración de pagos y ayudas económicas. Dicen que esa atención no ha llegado con la misma rapidez que la maquinaria.
Carpas, miedo y una espera que ya venía de antes
En el centro del pueblo, un terreno baldío conocido como El Gran Hotel alberga decenas de carpas color azul celeste. Allí viven más de 40 familias desplazadas. Algunas llegaron por el terremoto; otras arrastran una espera de 15 años desde que las lluvias las dejaron sin hogar.
En ese espacio, los habitantes describen una rutina precaria: carpas desgastadas, lonas remendadas y tubos expuestos. María, una de las residentes que habitan allí, explicó que su vivienda quedó con grietas y daños en paredes y piso, por lo que su familia decidió salir. También dijo que, a cuatro meses de la tragedia, ni siquiera han sido censados.

Durante los primeros días, varias familias sobrevivieron con ayuda de la sociedad civil, según relataron. Primero recibieron carpas de playa, lonas y colchones; luego llegaron las carpas azules, que hoy muestran el desgaste del uso constante y de la lluvia.
Comerciantes sin respaldo y con pérdidas por reponer
La actividad comercial sigue siendo el sostén de buena parte de El Junquito. Luz Marina Dávila, dueña de un kiosco desde hace 30 años cerca de la panadería colapsada, afirma que el pueblo gira alrededor de la carne de cochino y las fresas con crema.
Su negocio no sufrió daños estructurales, pero sí perdió mercancía cuando el sismo tiró al piso frascos de vidrio con chocolate, fresas y melocotones en almíbar. Reponer ese inventario y pagar proveedores, dice, le tocó hacerlo sola.
Dávila aseguró además que, al mes siguiente de la tragedia, las instituciones empezaron a cobrar impuestos. También señaló que se habló de créditos para algunos locales, pero que varios comerciantes de la zona no recibieron ese respaldo.
Pese al golpe económico, la comerciante insiste en que la zona sigue abierta al público y pide a Caracas que vuelva a visitar El Junquito. Su negocio, dice, intenta sostenerse con trabajo diario y atención a los clientes que llegan, sobre todo los fines de semana.



