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Conozca a los «asistentes» del Nazareno

Este año el Nazareno de San Pablo ha dado una sorpresa a sus feligreses. Fue bajado de sus aposentos varios días antes de lo habitual, vestido ya de gala para su gran día: el Miércoles Santo, donde se convierte en el principal protagonista de la religiosidad caraqueña, que acude en miles a las puertas de la Basílica de Santa Teresa para agradecer milagros y pedir nuevos favores.

Los devotos comienzan a ingresar a la Basílica —que este año está de júbilo por el cumplimiento de 500 años del nacimiento de Santa Teresa— a las 12:00 de la noche. Las puertas han permanecido cerradas desde las 12:00  del mediodía del Martes Santo hasta la primera hora del miércoles, para dar inicio a los oficios religiosos pautados para la celebración de la Semana Mayor. 

El punto de encuentro se centra en torno de una imagen de 1,74 metros de alto, de Jesús de Nazareth cargando la cruz a cuestas. La perfección de esta escultura de madera sevillana ha hecho que crezcan mitos y creencias alrededor de  ella. 

Una de las más comentadas es que cada año supuestamente la imagen se observa más encorvada, porque el peso de su cruz es cada vez más pesado. Y famosa también es aquella que señala que al finalizar su obra, el mismo Nazareno se le presentó al escultor Felipe de Ribas y le preguntó: “¿Dónde me has visto que tan perfecto me has hecho?”

Un pequeño ejército de humildes personas son los responsables de que el “muchacho de la película” —como lo llamó un miembro de la cofradía del Nazareno— brille en su Semana Santa, mientras los fieles acuden en masa para venerarlo en uno de los templos más antiguos de la ciudad capital.

Son muchos detalles que se cuidan a la hora de que la imagen se baja de su aposento y se coloca a la mano izquierda del altar, para ser apreciada por la mayor cantidad de personas. Debido a su peso cinco personas colaboran para colocarla en el pedestal donde se apreciará por estos días. Pero el vestir la talla es un trabajo de pocos, que se realiza en la mayor intimidad posible, a puertas cerradas.

El párroco Adán Chávez dispone cada año quién será la persona encargada de engalanar la imagen. Este año le tocó el turno a Ángel Ramírez, de 22 años, quien desde los 12 años colabora con el templo, en cada una de las actividades que pueda prestar.

Hoy, desde su cargo de sacristán, agradece el regalo concedido “por el propio Nazareno”. El joven jamás pensó en tener “este privilegio”, cuando acudía de niño a la iglesia en compañía de su madre y abuelos.

Este año por ser una ocasión especial se seleccionó una túnica de lujo, guardada en caja fuerte y solo usada en muy esporádicos e importantes momentos. La vestimenta de terciopelo y adornada con gran cuidado tiene 110 años bajo el resguardo de la iglesia Santa Teresa.

Ángel reconoce la increíble emoción que representó para él esta colaboración. En su mente todavía guarda los momentos en los que les decía a sus familiares que tenían que hacer todo lo posible para estar lo más cerca posible del Nazareno. Esta vez estuvo justo a su lado.

A pesar de que el momento significó un gran gozo, aún recuerda la primera vez que colaboró con la vestimenta de la imagen, hace cinco años.

“La primera vez fue impactante. Fueron muchos viniendo cada Miércoles Santo para verle de cerca y ese día estuve frente a él. Fue una emoción muy grande, fue un regalo que Dios me dio, como ahora que me permitió vestirlo. Todavía no tiene sus potencias (adorno que se coloca en su cabeza), la guardamos para el miércoles para que salga más elegante y más resplandeciente”.

Ese mismo día se le verá adornado con más de tres mil orquídeas, que son ofrendadas por los caraqueños que se acercan al templo de entre el lunes y la mañana del martes. Mujeres minuciosas se encargan de seleccionar las más hermosas y frescas para engalanar al Nazareno. Al ser apreciado por los fieles brilla rodeado de las hermosas flores. 

Si en la vestimenta y el ornato de la imagen tallada en pino de Flandes participan pocas personas, incluso en su traslado al mesón donde recibirá a los feligreses, en la procesión que cierra la celebración del Miércoles Santo sí interviene un ejército más amplio, de 105 hombres que desde hace décadas forman parte de la Cofradía del Nazareno.

El júbilo y la fe amortiguan la fuerte carga, que puede superar los 100 kilos, entre la imagen y el pedestal donde descansa la escultura. Estos hombres que integran esta agrupación religiosa deben demostrar su vocación y respeto y ello se prueba entre otras cosas a la asistencia mensual de reuniones en la misma iglesia.

Gustavo Orta tiene ya 19 años colocando sobre sus hombres al Nazareno. La primera vez que lo hizo participaba como un fiel más que había acudido a la iglesia para venerar al Nazareno. La falta de una persona propició su participación. A partir de ese momento se quedó.

El recorrido de varias cuadras por las principales esquinas de la parroquia se realiza con el mayor recelo del mundo, con el propósito que la imagen no sufra ningún daño, entre la muchedumbre que desea acercarse a ella.

Cada pasado está contado y el relevo de los cófrades también. En cada esquina se hace una parada programada, al lado de cada miembro de la cofradía se coloca otro, sobre quien reposará ahora el traslado de la venerada imagen. En cada turno participan 28 devotos.

Al igual que muchos caraqueños, Gustavo, de 64 años, acudía a la iglesia con su mamá desde los siete para participar en la misa del Nazareno. Hoy es uno de los que participan para que la tradición continúe una vez más. 

Aunque observa con dolor cómo la juventud no muestra la mayor disposición para cargar una cruz encima. Por los momentos, él junto con sus compañeros portará su uniforme blanco y negro y seguirá participando en la caminata por las calles del centro de Caracas.

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