Las redes y el acceso a internet desbordan las pantallas de videojuegos, contenido diverso y accesible a cualquiera que tome un teclado y un mouse, lo que hace de los cybers una alternativa para el público y un reto de paciencia para los encargados.
Con manejar un poco las teclas y tener diez bolívares a la mano es suficiente para ingresar a uno de los centros de servicio de internet y juegos de Maracaibo, en el que, asegura Jorge Graterol, estudiante de medicina y encargado por más de cuatro años, es necesaria mucha serenidad.
“Si no tienes paciencia para tratar a cualquier cliente, no recomiendo trabajar en esto. Porque a fin de cuenta es atención al público (…) desde el niño pequeño que no sabe cómo manejar la computadora hasta el adulto de 50, 60, 70 años que tampoco sabe”, afirma Graterol con ironía.
Para Luisa Méndez, encargada de otro cyber por más de tres años, trabajar en el servicio es complicado. “Niños groseros” y un mal comportamiento en general fue una de las características que resaltó entre los jóvenes clientes que suelen frecuentar el lugar donde se ofrece el servicio de internet, juegos en computadoras y además alquiler de consolas de videojuegos.
Valor por contenido
Cuarenta bolívares es el costo de la hora en el cyber de Méndez. En otros lugares la hora cuesta 10. Cuestiones de alquiler y pago de servicios pueden llevar el valor de 10 hasta 50 bolívares. No obstante, suele ser igual independientemente de si se hará o no uso del internet.
En un cyber de Cuatricentenario la hora tiene un valor de 15 bolívares. El mismo se enfoca directamente en el uso único del servicio de internet, además de las llamadas, y no disponen de juegos, asegura Keisy Zúñinga, encargada por más siete años del lugar. “Un cyber de juegos sin Counter Strike no es nada (…) niños y adultos lo juegan”, afirma Graterol, destacando que los más populares en su local son Rakion, Counter Strike y Vice City.
Los tres centros de servicio emplean software para que el contenido inadecuado sea bloqueado, o notifique al encargado cuando alguien trate de ingresar a páginas pornográficas por ejemplo. No obstante, Graterol asegura que “el ser humano es tan complejo y la gente tan viva, que siempre consiguen darle la vuelta a las cosas”, por lo que los encargados suelen estar especialmente pendientes de esto.
Los problemas con los clientes que frecuentan el contenido inapropiado e insisten a pesar de las advertencias, suelen terminar con la expulsión de los mismos del cyber afirma Graterol. No obstante, se ha hecho evidente la realidad de personas que sin saber demasiado de computadoras, dan con métodos simples para lograr con su objetivo, a costa del riesgo y unos pocos bolívares.
El dinero es el límite
En un cyber donde se abre desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde, “hay clientes que pasan todo el día”. En un promedio de hasta 8 horas establece Graterol la inversión de tiempo de algunos. Esto se traduce en un consumo de 80 a 100 bolívares diarios, asegura. Considerando que se trata de un lugar con precios asequibles.
Por otra parte, en el centro de atención donde labora Zúñinga, establecen como cinco el promedio que pasan los clientes con más tiempo. Todos son recibidos, siempre y cuando sean mayores de once años y no tengan puesto el uniforme escolar.
“Aquí vienen estudiantes con el uniforme a hacer sus tareas después de clases (…) si nosotros restringimos a los muchachos con uniforme teniendo un colegio tan cerca, nos vamos a la quiebra”, aseveró Graterol. “De cien niños que vienen aquí, solo dos hacen los trabajos ellos mismos”, expresa con sarcasmo Carla Osorio, compañera de trabajo de Méndez. Para ambas, son los adultos quienes principalmente realizan investigaciones, además de redactar cartas de referencia y trabajar en otros documentos.
Un servicio, no una guardería
Los cybers en general brindan asesorías para varias clases de documentos y el manejo de las computadoras, además de la navegación en internet. Las comunidades aprovechan estos servicios para comunicarse y facilitar sus vidas mediante la tecnología.
Sin embargo, hay representantes que dejan a sus niños mientras hacen cualquier diligencia, asumiendo que los jóvenes están en total seguridad, afirma Graterol, explicando que los cybers no son para esas cosas, y que ante las situaciones de peligro externas como asaltos, no se puede hacer responsable al centro de servicio. “Los cybers no son guarderías”, aseveró.
Desde los que no van a clases por estar en los cybers hasta los que se nutren de la web para traer experiencias académicas ejemplares. Para los jóvenes, los cybers son una serie de oportunidades en las que se puede incluir la diversión, la comunicación y el aprendizaje, pero dado que también se trata de una puerta hacia la fuente de información más grande del mundo, podría también obstaculizarse el desarrollo académico. Y es que ciertamente los jóvenes son lo que ven, y eso, probablemente esté en los cybers.