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Conoce la historia de Andrea, la joven cantante que se impuso al autismo

“¡Me siento contenta, emocionadísima y bendecida por Dios y la Virgen!”, expresó con una sonrisa Andrea Rodríguez, cuando visitó PANORAMA con su mamá para enviar un mensaje de esperanza y promocionar su primer tema: Lo que sienten nuestras almas, escrito por Javier González Trejo (exintegrante de la agrupación Kió) y con arreglos musicales de Mario Cáceres.

Andrea presenta tres características del Trastorno del Espectro Autista: inmadurez cerebral, déficit de atención y comprensión con hiperactividad, y problemas articulatorios del lenguaje. “Si no tuviera el problema articulatorio del lenguaje, fuera Asperger como Steven Spielberg, Albert Einstein y Bill Gates”, explicó Blanca Blanco, la mamá. Ambas viven en Guatire, estado Miranda.

“Imito a Ana Gabriel, a Shakira, a Vikki Carr”, dice con orgullo la artista caraqueña que, con 19 años y contra todo diagnóstico negativo, se presenta ante el mundo como Andrea R y aspira a estudiar educación especial en la universidad para enseñar música a niños con condiciones especiales, porque “nadie los entiende como yo”.

“En una visita a una radio de Caracas, conversé con Mariana Vega vía Skype. Ella está encantada por mí, le canté una canción y viene en noviembre a conocerme. Dijo que vienen cosas buenas”, relató, ansiosa por la visita de la artista nominada en la edición Latin Grammy 2014. “Cuando yo iba a trabajar, mi mamá o mi suegra en aquel momento la ponía frente al televisor. ¿Qué nos íbamos a imaginar nosotras que aprendería a imitar las voces de cantantes con solo escucharlos?”, expresó Blanco sorprendida. Todavía no cree todo lo que le ha pasado.

Fue así que un día, mientras conversaba con la abuela de la niña, descubrió a su hija cantando No me ensañaste de Thalía, interpretación con la que ganaría años después el concurso La Voz Infantil – Juvenil en Guatire. “Nosotras pensamos que era la radio, y no, era Andrea”.

“Que vivimos en un mundo donde los gestos hablan, donde nuestros sentidos pueden mostrar lo que sienten nuestras almas” y “no existe oscuridad absoluta, tan solo almas que hablan”, son algunas de las frases que pronuncia en el del tema, donde además se le ve enamoradiza y risueña.

“A los 15 días de nacida, a mi hija le tocaba la vacuna BCG (Bacillus Calmette-Guérin, contra la tuberculosis) y en vez de esa le inyectaron la de Hepatitis A. Desde ese momento se le hinchó la pierna, se me desmayó en los brazos, no controlaba esfínteres, comenzó a llorar como un gato, dormía de día y estaba despierta toda la noche, se retorcía. Me dicen que es normal, que son efectos de la vacuna, que en dos o tres días se le pasaría”, narró con la voz un poco quebrantada, la mamá de la joven con condición Espectro Autista.

“Luego de eso empecé a notar cosas que eran diferentes. No se hacía un lazo, no sabía abrirse el botón del pantalón; pero, fue en el preescolar, a los cinco años, que la psicopedagoga me dice que Andrea tiene rasgos autistas. Pensé que ella estaba equivocada”.

“Yo sentí que el mundo se me venía encima, verdaderamente es horrible”, evocó Blanco. “Se vive un luto, un dolor, uno pierde las ganas de comer, de ir a trabajar. Es un desánimo. Pero en el camino aprendí que debía llorar, meter la cabeza en la almohada y gritar sin que nadie me escuchara”, agregó.

Andrea en ese momento tenía cinco años, pero su mamá se proyectó a futuro. Se cuestionó “¿Qué va a ser de Andrea a los 12, a los 14, a los 20?”, hasta entender que necesitaba transformar el dolor, la angustia y desesperación… En herramientas positivas para ayudar a la niña.

“Uno siente que el mundo se le acaba. Y di un giro de 180 grados”, aseguró Blanco.

Transformación

“¡Imagina cómo te cambia la vida! No es fácil. La sociedad es ruda, señala, etiqueta”, plantea una mamá orgullosa de su hija, porque “no pensé en esto, Andrea me dice desde chiquita que quiere cantar y lo está logrando”, narra mientras su hija sonríe y afirma.

“Copiaba todo con respecto a la terapia conductual, de lenguaje, y yo solita, poco a poco, con Dios y mi familia, fuimos orientándola, reforzando las áreas débiles, fortaleciendo las fuertes”, explica Blanca.

Cada vez que le decían que no se podía, era cuando más ponía de su parte. “Ella es una niña cariñosa, ya no se balancea ni aletea, no se pone en puntillas. Andrea es un verdadero milagro de amor, fe y constancia”, afirmó Blanco.

Esperanza

Andrea Rodríguez escribió una canción y despertó la curiosidad en el público por darle sentido a las palabras a pesar de su condición TEA. Su segundo promocional, un tema que habla sobre el autismo: Sé que no es fácil.

“Lo escribí yo misma”, expresó ilusionada la cantante caraqueña, que además entiende el inglés desde temprana edad por seguir programas de televisión en ese idioma.

“Cada vez que se canta, todo el mundo llora, se emociona mucho”, dijo su mamá, Blanca, con esperanza de que alguna productora o fundación se interese lo suficiente como para financiar la grabación del tema, porque sus recursos no le alcanzan para cumplirle el sueño a Andrea.

Blanco informó que su número es 04169286271. Para comunicarse con ella, pueden escribirle también a Andrea Rodríguez a través de su cuenta en Instagram y Twitter: .

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