LambdaVision lleva 10 años desarrollando retinas artificiales con apoyo de Space Tango y con pruebas realizadas en la Estación Espacial Internacional…
LambdaVision lleva 10 años desarrollando retinas artificiales con apoyo de Space Tango y con pruebas realizadas en la Estación Espacial Internacional (EEI), con la meta de tratar formas de pérdida de visión asociadas a la degeneración macular vinculada con la edad y la retinitis pigmentaria.
La investigación espacial como apoyo a la medicina
La fabricación de retinas artificiales no es un campo nuevo. Desde hace tiempo se estudia en la Tierra, pero la microgravedad ofrece condiciones que ayudan a resolver varios de los problemas que aparecen en el proceso de producción. En los últimos 9 años, se han realizado 10 misiones de investigación en la EEI para perfeccionar este desarrollo.
Los resultados han permitido mejorar la uniformidad, el rendimiento óptico y la reproducibilidad de las retinas artificiales. Además, se requiere menos material, lo que reduce costos y también mejora la biocompatibilidad del producto final.
Cómo funcionan estas retinas
La degeneración macular asociada a la edad y la retinitis pigmentaria afectan la visión porque provocan la pérdida de células fotorreceptoras en la retina. Estas células captan la luz que entra al ojo y la convierten en señales eléctricas que viajan por el nervio óptico hasta el cerebro. Cuando se dañan, esa transmisión se altera y la visión se dificulta o desaparece.
Por esa razón, las investigaciones con bacteriorrodopsina han cobrado interés. Se trata de una proteína que usan algunas bacterias extremófilas para obtener energía a partir de la luz. En este caso, el principio es similar al de la retina: la luz se transforma en energía que puede convertirse en señales para el cerebro. A partir de esa proteína se pueden construir retinas artificiales.
De forma resumida, estas retinas están compuestas por cientos de capas de bacteriorrodopsina superpuestas. El proceso suele incluir un sustrato que se introduce en un vaso de precipitados con bacteriorrodopsina, un polímero policatiónico que ayuda a ensamblar las capas sobre la superficie y una solución de lavado que completa la formación del material.
Por qué la gravedad complica el proceso
En la Tierra, la gravedad provoca que las moléculas más densas se depositen en el fondo del recipiente, igual que ocurre con el azúcar cuando se deja caer en el café sin removerlo. Además, las diferencias de densidad generan corrientes de convección que producen un recubrimiento desigual.
El resultado es que las capas no quedan uniformes. Eso puede afectar la manera en que la luz se distribuye y, por tanto, a la calidad de las señales obtenidas. Las imágenes pueden formarse, pero con distorsiones. Para evitarlo, solo se conserva la zona más homogénea y se descarta el resto, lo que implica un gran desperdicio de material y dificulta la producción a mayor escala.
La apuesta por fabricar en el espacio
Como esos problemas están vinculados a la gravedad, LambdaVision se asoció hace 4 años con Space Tango para utilizar CubeLab, un módulo experimental compacto diseñado para automatizar ensayos en el espacio. En lugar del método tradicional con sustrato y vaso de precipitados, el sistema emplea una bolsa con líquido y una cámara con el sustrato, mientras la solución se bombea de forma alternada hacia la cámara.
Este método añade otras ventajas. El proceso es automático y, una vez iniciado, no necesita intervención de astronautas. Si surge algún problema, la operación se detiene y se envía un aviso a la Tierra, desde donde pueden analizarse y ejecutarse soluciones a distancia.
Además, el sistema está muy compactado, por lo que la carga útil dentro de la EEI es mínima. Eso permite obtener más retinas con una huella más pequeña, algo clave para hacer viable la producción.
Próximos pasos
LambdaVision prevé lanzar una nueva misión a finales de este año para buscar un aumento del volumen de producción y una optimización de los procesos. Si todo avanza según lo previsto, los ensayos preclínicos podrían comenzar a finales de 2027 o a inicios de 2028.
Aunque todavía falta camino para que estas retinas artificiales se usen de forma clínica contra la ceguera, los avances obtenidos muestran que parte de la investigación espacial puede tener aplicaciones directas en la Tierra.