El segundo año es el más importante para cualquier pelotero en las Grandes Ligas. Pasa de la incertidumbre de no conocer qué esperar, al conocimiento que, rivales y los propios peloteros, tienen de cada uno de ellos. Elvis Araujo está al tanto de esa situación y por eso piensa que, tener un año más de experiencia en los campos primaverales, le permite concentrarse en lo que debe, su mecánica y pitcheos para enfrentar a los bateadores.
En comparación al campo primaveral del año pasado, donde llegó con un contrato garantizado pero con la obligación de mostrarse eficiente, este año se siente más relajado. Sabe que en su mano zurda tiene las herramientas que los Filis de Filadelfia necesitan para una temporada de adaptación en medio de la reestucturación que viven.
“Saber que hiciste el trabajo, que te tienen en estima y que les gusta lo que haces te da más tranquilidad”, respondió vía telefónica desde Clearwater, en Florida, después del primer encuentro primaveral de los cuaqueros, quienes vencieron 8 – 3 a la Universidad de Tampa en el Bright House Field.
El zuliano dominó en su primera presentación. No dio libertades a los jóvenes bateadores universitarios y ponchó a uno de ellos.
“Yo estaba buscando lanzar strikes y mi pitcheos en la zona, no abrirme, sino mantenerme cerrado para poder localizar más los envíos”, comentó su primera presentación.
“Gracias a Dios las cosas han estado muy bien desde que comenzamos los entrenamientos”, contó. “Ahora tengo más confianza para poder hacer mi trabajo y lo que busco. No es igual venir con la mente en querer lucir, mostrar que sí puedes hacer el trabajo que esperan ellos y que sabes que puedes hacer, a mejorar y pulir los detallitos que permitirán hacer mejor tu trabajo”, analizó con madurez el espigado lanzador que en julio cumplirá 25 años.
Parte de su desarrollo fue trabajado en Venezuela durante el receso de la pelota grandeliga. Buscó ayudar a las Águilas del Zulia a pesar de las molestias en la pierna izquierda y, después de finalizada la pelota invernal, se sometió a un trabajo físico que le permitió rebajar unos 10 kilos, por recomendación del cuerpo técnico de Filadelfia.
“Principalmente, quieren evitar más lesiones, que me mueva mejor al momento de lanzar a las bases, que tenga agilidad”, explicó.
“Cuando me vieron me dijeron que me veía bien y estaban satisfechos con lo que hice”.
Esta campaña el equipo de Filadelfia buscará comenzar un largo proceso de ascenso en todos sus niveles. Dentro de su cuerpo de monticulistas no hay figuras de experiencia como el año pasado ocurrió con Cole Hamels entre los abridores y Jonathan Papelbon entre los relevistas.
Sin embargo, eso ha servido de motivación para todo el grupo de serpentineros, entre ellos el del lanzador marabino de casi dos metros de altura.
“Todos acá sabemos que tenemos oportunidad de trabajar. Aquí ninguno está confiando de nada”, soltó. “Casi todos somos jóvenes, eso crea un buen ambiente entre nosotros mismos. Cada quién sabe lo que debe hacer”, dijo.
“Papelbon conversó mucho conmigo sobre cómo debía trabajar en ciertos puntos del encuentro. A mi me gusta la adrenalina, pero esos momentos hay que saberlos controlar. Hamels también me dijo varias cosas”. Las palabras del último en lanzar un juego sin hits ni carreras en el conjunto de los Filis le motivan en su deseo, algún día, de abrir en las Mayores.
“Es algo que me gustaría volver a hacer. Ellos (Filis) saben que yo estoy dispuesto y preparado para hacerlo”, confesó. “El año pasado me preguntaron si podría hacerlo y les dije que sí. ¿les voy a decir que no?”, soltó con una risa.
Araujo vio acción por espacio de 34.2 episodios en la temporada pasada. Dejó 34 ponches y 19 boletos.
“Los pasaportes bajarán este año. Hasta ahorita, la recta y la slider están caminando muy bien, bajita. Eso me ayuda a que bateen muchos roletazos para que Galvis y Hernández los conviertan en doble matanzas”, expresó confiado en la pareja de compatriotas que cuida su espalda.