Hay escenarios que dejan cicatrices imborrables en la carrera de un atleta, pero también existen noches diseñadas para cerrar heridas. Para Tyrese Haliburton, el partido de pretemporada frente a los Oklahoma City Thunder representaba mucho más que un simple ensayo de preparación: era el reencuentro con el lugar donde vivió el momento más amargo de su trayectoria profesional.
El armador de los Indiana Pacers regresó al tabloncillo del Paycom Center, el mismo recinto donde, en junio de 2025 durante el séptimo y definitivo encuentro de las Finales de la NBA, sufrió una desgarradora rotura del tendón de Aquiles derecho que lo alejó de las canchas por casi diez meses.
Una noche de superación y baloncesto de élite
Lejos de mostrarse inhibido por los recuerdos del fatídico Juego 7, el All-Star de 26 años tomó las riendas del ataque de los Pacers desde el salto entre dos, demostrando la movilidad, soltura y visión de juego que lo caracterizan.
Haliburton lideró la ofensiva de Indiana finalizando la jornada con 24 puntos, mostrando un tiro perimetral efectivo y atacando la pintura sin vacilación alguna, en una clara muestra de que la rehabilitación ha quedado atrás y la confianza ha sido plenamente restaurada.
De la tragedia al resurgimiento
La lesión de Haliburton en 2025 no solo congeló las aspiraciones de título de los Pacers en aquel dramático cierre de campeonato, sino que inició un largo y riguroso proceso de recuperación para el base. Volver a jugar en la misma cancha y ante la misma afición marcaba la última prueba mental de su proceso de rehabilitación.
Con esta sólida actuación, Haliburton no solo envía un mensaje de tranquilidad a la franquicia de Indianápolis de cara al inicio de la temporada regular 2026-27, sino que consolida uno de los regresos más inspiradores del baloncesto reciente en la NBA.




