Aniversario

La salsa tiene el sello de Oscar D’ León

Nació cantando. Tanta vitalidad y alegría, reconoce, es hereditaria. Lo vio nacer Antímano (al oeste de Caracas). Hoy es ídolo del populoso sector y de Venezuela  entera.

Su mamá, Carmen Dionisia, decía que el niño le  nació cantando. “Ella era muy fiestera”, evoca el hijo. “Me contaba que cuando estaba embarazada, yo bailaba en su vientre… ¡y se lo creo!

Oscar Emilio  León Somoza, para el  mundo artístico Oscar D’León,  lleva la salsa en las venas. Respira y habla salsa. Hizo de la música su vida. A ella y a su potente voz le debe haber llegado a  encumbrados escenarios. No ha perdido la sencillez, la humildad.

Oscar D’ León: Llorarás    

En el Festival de Viña del Mar 2015.

  Es  El Sonero del Mundo. Antes   bautizado como El Bajo Danzante, El Faraón de la Salsa, El León y El Diablo de la Salsa. Con todos esos nombres dice quedarse porque han nacido del público.

De su querido Antímano salió a conquistar al planeta. Más de 170 países lo han ovacionado a lo largo de su exitosa carrera, en la que ha podido grabar unos 70 discos y solo con su orquesta  tiene montados ¡500 temas!

Trabajó como taxista y obrero en una compañía. Su amor a la música  , ha contado, lo acrecentó oyendo a  La Sonora Matancera, Aragón, Eddie Palmieri, Ismael Rivera, Benny Moré, Willie Colón, Celia Cruz, Tito Rodríguez…

Las nuevas generaciones de artistas amantes de la salsa, no solo de Venezuela,  también se nutren de su experiencia. Ha grabado con Huáscar Barradas, Porfi Baloa y apoya la carrera del zuliano Ronald Borjas. Hay una calle en Francia con su nombre, un día en Nueva York (15 de marzo) dedicado a él, las escuelas de salsa en Cuba tienen el paso de Oscar D’ León.

La Dimensión Latina es el nombre de la primera banda creada por Oscar  en 1973. En la que comenzó cantando y tocando el bajo; con esta lanza su gran hit: Pensando en ti, el primero de una larga lista de éxitos de la orquesta.

Cuatro años después, Oscar dejó la formación para volver a la carga con su propia orquesta  La Salsa Mayor. Resultó un gran éxito en Venezuela y comenzó a cosechar éxitos comerciales como Mi bajo y yo, El baile del suavecito, Bravo de verdad. Poco a poco, su nombre empezó a sonar a escala internacional.

El periodista León Magno Montiel habla de Oscar recordando al poeta   norteamericano Ezra Pound, quien decía: ‘Los artistas son las antenas de la raza’. Toman una señal de su gente y la reenvían. Oscar D’ León ha recogido el sentir de los pueblos, no solo el venezolano, y los transmitía en sus temas. Así, Oscar es una antena de la raza venezolana. Además, de las más elevadas”.

Con mucho guaguancó y varias orquestas, hasta consolidar la propia, y a punta de bajo, tumbadora, güiro, trombón, conga, bongó y mucha garganta puso al planeta a bailar con su música, la salsa, su carta de presentación desde hace más de 40 años.

En la siguiente etapa de su carrera, se consagra como músico. “La internacionalización llegó y la tomé muy normal. Si la tomara como algo muy importante pasara como pasa con muchos artistas, se creen estrellas y sucumben (…) Soy una persona normal. Lo mismo me puedo meter en el barrio más pudiente como en el que menos”.

En ese periodo, sus colaboradores señalan que  incorporó matices de jazz a sus acordes, que aparecen renovados y lo convierten a su vez en invitado permanente de los más importantes festivales de jazz en el mundo. También tiene la oportunidad de grabar con quienes habían sido los ídolos de su juventud: Celia Cruz, Eddie Palmieri y Tito Puente.

Oscar D’ León y Celia Cruz.   Aquí junto a Tito Puente. Tema: Hay que trabajar.

Así como puso a bailar a padres y a abuelos, tiene   presente al público infantil: participó en el 2000   en la banda sonora de Walt Disney, interpretando “Las locuras del emperador”. Y al celerar sus 70 años, en julio de 2013, grabó en Caracas  la   canción infantil Pinocho, como un regalo a los niños en su Día.    Desde el 2007  es el embajador latinoamericano de la Fundación Operación Sonrisa, que brinda apoyo y atención médica a niños con labio leporino y paladar hendido en más de 51 países.

Con el Zulia guarda un nexo muy especial: “Cuando en 1973 viajé por primera vez a Maracaibo (cantó en el club Naiguatá) dije: ‘Se me llenaron los pies de petróleo… ¡ay, la vida va a cambiar!”.

A decenas de amaneceres de feria de la Chinita  ha venido. Aquí tiene grandes amigos, como Argenis Carruyo, Ricardo Cepeda, Leopoldo y toda la orquesta Los Blanco. Fue el abogado William Briceño, de Maracaibo, quien se convirtió en su biógrafo. 

A mediados del 2014, Briceño —acompañando al artista—  refirió que en su primera edición de 70 mil libros, la biografía se agotó en Caracas y lanzarían otros 50 mil, con un precio   mayor en beneficio de la Fundación Sonrisa. 

“Si ustedes vieran la alegría de las madres cuando le operan a su hijo, que ya no será más víctima de burlas en la escuela, ni de las miradas curiosas, no dudarían en colaborar”, expresó Oscar.

En   2013, en EE UU, un accidente doméstico lo alejó unos meses de los escenarios. Volvió al país en junio y   recordó que el golpe dado —el 23 de abril— con una caja fuerte le sacó el lente intraocular y los médicos lograron salvárselo. Hubo varias intervenciones  y señaló que los galenos le restauraron la córnea y la retina. Es un hombre batallas y de fuerza espiritual, esa que le sembraron en el alma Carmen Dionisia y Justo León. Sobre el accidente y como ejemplo para otros   dijo: “Las pruebas de Dios no se reniegan”. 

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