De andar suave, de ritmo melodioso, dulce. El vals llegó en los primeros tiempos de la República y se adaptó a la forma de ser del venezolano, que le incorporó los instrumentos disponibles y creó una variedad nueva, rica en variaciones y de letras cotidianas y estilizadas.
En los pentagramas de Nuevo Método para Guitarra y Arpa, impresos en Venezuela a finales del siglo XIX, en plena era ‘afrancesada’ por empeño de Antonio Guzmán Blanco, se registraron los primeros valses con cadencia local, heredados de un ritmo austríaco llamado ländler.
El investigador y poeta Gabriel Jiménez Emán ve difícil “que el primer vals se haya tocado en Venezuela antes de 1830”. Agrega que “a través de un creciente repertorio criollo, que sabe convocar una serie de modalidades y tonos melódicos propios, de improvisaciones e interpretaciones de memoria y ejecución pOR ‘fantasía”, la musicalidad patria se fue tiñendo de ese nuevo elemento.
