Venezuela

El silencio en Venezuela sobre derechos sexuales, eutanasia y aborto

En Venezuela persiste un silencio visible en torno a varios derechos humanos que han ganado espacio en otros países, entre ellos la diversidad sexual, la…

El silencio en Venezuela sobre derechos sexuales, eutanasia y aborto

En Venezuela persiste un silencio visible en torno a varios derechos humanos que han ganado espacio en otros países, entre ellos la diversidad sexual, la eutanasia, el aborto y las reivindicaciones del feminismo. La ausencia de debate público, de movilización sostenida y de una legislación actualizada contrasta con la expansión de estas discusiones en buena parte del mundo.

Derechos que no han encontrado espacio

Entre los temas que siguen sin instalarse con fuerza en la agenda nacional aparece la dignificación de la diversidad sexual. En ese campo se incluyen el reconocimiento pleno de los derechos de las personas homosexuales, el matrimonio igualitario, la posibilidad de formar familias con protección jurídica y, en términos generales, el derecho de cada quien a vivir su identidad sexual en libertad y con amparo legal.

Otro asunto que apenas ha tenido desarrollo público es el de la muerte digna. La eutanasia, entendida como una salida legal frente al sufrimiento insoportable y sin perspectiva de alivio, forma parte de los debates sanitarios y éticos contemporáneos, pero en el país no ha logrado convertirse en una discusión abierta y sostenida. A ello se suma el aborto como derecho de la mujer, una conversación que se ha extendido en distintos países, pero que continúa lejos de consolidarse en el escenario venezolano.

El feminismo también aparece como una demanda presente, aunque todavía sin el respaldo de una legislación suficientemente actualizada que garantice igualdad y protección efectiva para la mujer. De acuerdo con esta mirada, la presencia de colectivos feministas existe, pero no alcanza por sí sola para modificar de manera integral el debate nacional ni para convertir estas exigencias en política pública.

La influencia religiosa y sus límites

Una de las posibles explicaciones de este rezago apunta a la iglesia, tradicionalmente un actor influyente en otros contextos latinoamericanos. En Venezuela, sin embargo, su peso no parecería determinante en la vida cotidiana de una sociedad que se ha mostrado más laica que otras de la región. La iglesia católica, aun siendo mayoritaria, ha sido percibida como poco permeable a estos temas.

Al mismo tiempo, se recuerda que durante las últimas décadas hubo un gobierno que se definía como revolucionario y que sostuvo una relación de confrontación con la jerarquía eclesiástica. Incluso en ese período, su líder llegó a ensayar gestos de devoción selectiva y a utilizar referencias religiosas con fines políticos. Entre esas expresiones figuró la idea de un José Gregorio revolucionario y la insinuación de una canonización popular promovida desde el poder, ante la demora de la Iglesia en avanzar por su cuenta.

También se reconoce que la iglesia católica venezolana ha mantenido, en distintos momentos del prolongado conflicto político del país, posiciones firmes frente al poder. Algunas de esas posturas han sido frontales y otras han tenido un valor intelectual destacado, como en el caso de sectores vinculados a los jesuitas.

Silencio público y ausencia de presión social

Más allá de la dimensión religiosa, el texto plantea que la llamada opinión pública ha permanecido en un silencio inquietante frente a estos asuntos. No se trata, en este caso, de una censura explícita sobre esos temas, sino de una falta de reacción sostenida frente a derechos que han comenzado a debatirse en otras sociedades.

También se señala la falta de protagonismo de los intelectuales, descritos como ausentes y encerrados en espacios creativos que no conectan con reclamos más amplios sobre derechos humanos, presos políticos, censura mediática, deterioro universitario o fractura de la vida cultural del país. Desde esa perspectiva, el malestar existe, pero no se traduce en una acción colectiva amplia ni en una voz nacional claramente articulada.

Las feministas aparecen como el grupo más activo en esta materia, aunque todavía con una dimensión limitada para convertirse en una fuerza de alcance nacional. El resto de la sociedad, en cambio, continúa marcado por una reserva que contrasta con la intensidad de las discusiones sobre estos derechos en otros lugares.

Un silencio ligado a la crisis política

Ese mutismo, según esta visión, también se relaciona con años de silencio político, con la destrucción de los partidos, con la desaparición de una ciudadanía capaz de reclamar en las calles y con la resignación frente al fraude electoral y otras formas de imposición del poder. En ese contexto, los derechos vinculados a la identidad, la autonomía del cuerpo y la dignidad personal quedan relegados a un segundo plano.

La tesis central sostiene que esta lucha tiene una especificidad propia: no se confunde con la persecución que termina en cárcel o tortura, pero sí revela con claridad el estado del espíritu nacional y el nivel de compromiso social frente a los derechos esenciales. En ese contraste, el silencio se convierte en un dato político y cultural de peso.

Más en Venezuela