Donald Trump reunió esta semana a varias de las figuras más influyentes de la inteligencia artificial y anunció que el gobierno estadounidense dejará de hablar de inteligencia artificial para llamarla superinteligencia. En paralelo, los ejecutivos firmaron un pacto sobre responsabilidades en la frontera tecnológica que fue descrito como voluntario y sin fuerza legal.
Un cambio de nombre con carga política
En la conversación sobre el encuentro, Kirsten Korosec sostuvo que el gesto puede leerse como un ejercicio de rebranding alrededor de la IA. La idea, según resumió, fue transmitir que “la IA va a matarnos, da miedo y va a quitar empleos”, pero que la superinteligencia no tendría esa misma carga.
Sean O’Kane, por su parte, se mostró escéptico sobre el valor del pacto. Recordó que el acuerdo fue presentado como “profundamente no vinculante” y que Trump lo describió como “moralmente vinculante”, una fórmula que no cambia su carácter voluntario.
Un pacto apurado y con roces internos
El episodio también dejó ver tensiones en torno a Anthropic. Korosec dijo que la empresa había pasado de estar en mala posición frente al entorno de Trump a una reunión privada con Dario Amodei y, luego, a la presencia del ejecutivo en el almuerzo con varios pesos pesados del sector.



