La editorial Almadía suspendió las presentaciones de Donde el agua trabaja, del peruano David Silva Rojas, luego de que una herramienta de detección de inteligencia artificial atribuyera a esa tecnología el 99% de la novela ganadora del Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat, que recibió entre 2.204 manuscritos de 22 países.
La acusación que frenó el lanzamiento
El señalamiento apareció después de una investigación publicada por El País, que informó que Pangram, un programa para detectar textos generados con inteligencia artificial, marcaba la obra como casi totalmente artificial. La novela estaba por presentarse en España cuando estalló la polémica.
Silva Rojas explicó que se inspiró en entrevistas con trabajadores de Ica, en Perú. El jurado, integrado por Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, destacó el uso de silencios y frases breves en la narración.
Las bases del concurso prohibían usar IA para escribir las obras. Tras la publicación, Almadía anunció una revisión y, según informó posteriormente El País, el autor negó haber utilizado estas herramientas y ofreció compartir materiales de su proceso de escritura. La editorial, sin embargo, no había comunicado una conclusión definitiva.
Lo que puede y no puede probar un detector
El caso reavivó el debate sobre si estos programas sirven para juzgar una novela. Max Spero, cofundador de Pangram, explicó en Nature que incluso una puntuación del 100% solo indica que todos los fragmentos fueron clasificados como probablemente artificiales, no cuánto participó un autor ni qué herramienta pudo usar.
La discusión también tocó el terreno del idioma. Una investigación de 2025 encabezada por la lingüista forense Sheila Queralt evaluó 180 textos en español con Originality.ai, GPTZero y Copyleaks, y halló errores, sobre todo en textos mixtos, con escritura humana y artificial. Pangram no participó en ese estudio, pero asegura que su versión 4.1 tuvo una tasa de falsos positivos del 0,0026% en español, una cifra basada en pruebas con FineWeb2.
En redes sociales, Emiliano Ruiz Parra recordó en X que “ningún detector de IA es confiable” y compartió una guía del Instituto Tecnológico de Massachusetts, que advierte sobre el riesgo de acusar a estudiantes solo con estos programas. Otros usuarios, como Jorge Gómez Jiménez y la usuaria @natjiushka_2, cuestionaron que una IA sirva para determinar si un texto fue escrito por otra IA.
La polémica dejó a la vista un problema más amplio: un resultado técnico puede encender sospechas, pero no resuelve por sí solo la autoría de una obra ni sustituye una revisión humana del proceso de escritura.
Pangram afirma que entrenó su detector con libros, noticias y otros tipos de textos, y que probó más de 10.000 textos de escritura creativa en inglés. Aun así, el caso de la novela de Silva Rojas muestra que el margen de error, el idioma y el tipo de texto siguen siendo decisivos.
Una polémica que ya golpeó otras obras
El debate no es aislado. En otros casos, acusaciones similares terminaron en cancelaciones editoriales, revisiones de premios o, por el contrario, en la ratificación de los reconocimientos tras revisar borradores, documentos y testimonios. Almadía, por ahora, mantiene abierta su revisión sobre Donde el agua trabaja.





