Desde hace años, los expertos saben que en el centro de la Tierra hay agua. Los isótopos llevan más de una década indicando que allí abajo queda agua primordial, la que existía en el planeta cuando apenas era una bola de magma. El problema residía en que nadie comprendía cómo era eso posible. En 2014, un equipo de la Universidad Northwestern anunció un hallazgo clave al detectar que en la zona de transición hay un porcentaje estimado en torno al 1% de agua de forma local.

Años después, en las lavas de la isla de Baffin, los investigadores descubrieron huellas indelebles de líquido que jamás había pasado por la superficie. De este modo, la ciencia ha ido localizando indicios de agua cada vez a mayor profundidad, hasta que a finales de 2025 se publicó que la bridgmanita pudo retener entre 0,08 y 1 veces el volumen de los océanos al cristalizar el magma primitivo hace más de 4.000 millones de años.

El papel de los oxihidróxidos de hierro

Los minerales capaces de retener hidrógeno en posiciones cercanas al núcleo terrestre resultaban esquivos y poco comprendidos por la comunidad científica. Los candidatos conocidos hasta ahora presentaban serios inconvenientes para ser viables en condiciones reales.

Ante este panorama, un equipo internacional encabezado por Hongsheng Yuan, del centro de investigación HPSTAR en Shanghái, ha descubierto unos oxihidróxidos del hierro que cumplen con estas características. Estos compuestos son tan densos que, de existir en el interior terrestre, se hundirían hasta reposar sobre el núcleo, requiriendo cantidades muy reducidas de agua para formarse.

Implicaciones sobre el origen del agua

Aunque en una primera instancia este descubrimiento pueda parecer de naturaleza puramente teórica, sus repercusiones trascienden la mera curiosidad científica. Si una fracción del agua primigenia ha permanecido oculta en el manto terrestre desde los inicios del planeta, la habitabilidad de la Tierra nunca ha dependido en su totalidad de impactos externos como cometas y asteroides.

Este hallazgo fortalece la teoría de que la Tierra siempre dispuso de los recursos necesarios para propiciar las condiciones idóneas para el desarrollo de la vida.