Durante décadas, la búsqueda de señales de radio provenientes de exoplanetas se había convertido en uno de los mayores desafíos de la astronomía moderna. Un nuevo estudio afirma haber conseguido la primera detección directa de emisiones de radio aurales en un mundo más allá de nuestros planetas vecinos.

El origen de estas emisiones se ubica en el planeta Beta Pictoris b, un gigante gaseoso con una masa entre 10 y 12 veces la de Júpiter, situado a unos 63 o 64 años luz de la Tierra. Las escurridizas señales fueron captadas gracias al array de radiotelescopios MeerKAT, situado en Sudáfrica.

Un fenómeno natural y no una señal inteligente

Ante el registro de ondas procedentes de otro sistema estelar, surge de inmediato la hipótesis de un contacto extraterrestre. Sin embargo, los autores descartan una civilización avanzada y señalan que se trata de un fenómeno natural es conocido como radiación de máser de ciclotrón electrónico (ECMI).

Este proceso ocurre de forma similar en la Tierra y en Júpiter, donde las partículas cargadas del viento estelar interactúan con los campos magnéticos planetarios para generar auroras. No obstante, en Beta Pictoris b la escala del fenómeno permite su detección a gran distancia.

Un monstruo magnético en el espacio

El valor de este descubrimiento radica en la información obtenida sobre el campo magnético del exoplaneta. Los datos indican que Beta Pictoris b posee un campo magnético de al menos 1.250 Gaus, superando ampliamente las mediciones de la superficie de Júpiter, que se sitúan entre 4 y 14 gauss.

Para descartar interferencias de la estrella anfitriona, los científicos aprovecharon que Beta Pictoris es una estrella magnéticamente tranquila y utilizaron cuásares de fondo como puntos de referencia astrométricos. De este modo, confirmaron que las ráfagas procedían de las coordenadas orbitales del planeta.