En mayo, Christopher Olah, uno de los siete cofundadores de Anthropic, viajó a Roma para reunirse con figuras cercanas al Papa León XIV y conversar sobre una pregunta incómoda: si Claude, la inteligencia artificial de la empresa, puede tener consciencia de sí misma.

La discusión forma parte de una campaña interna que lleva meses reuniendo a teólogos, líderes religiosos y filósofos en torno al llamado bienestar de sus modelos. La compañía ha explorado la posibilidad de que Claude y otros sistemas “piensen”, “sientan” o incluso “sufran” de algún modo.

Una visita al Vaticano sin punto de encuentro

Olah y su equipo se reunieron en el Vaticano con personas próximas a León XIV, pero no encontraron puntos en común. La invitación de la Santa Sede se produjo en el marco de la publicación de Magnifica Humanitas, la primera encíclica del nuevo Papa dedicada a los conflictos morales y espirituales que plantea la IA.

Según el texto citado, León XIV rechazó atribuir experiencia, cuerpo, alegría o dolor a las inteligencias artificiales. También insistió en que la Iglesia debe velar por que los humanos se mantengan “profundamente humanos”.

El propio Olah llegó a plantear que Anthropic diera plantón a la Iglesia, después de leer la encíclica antes del acto. Pero la empresa ya había hecho pruebas internas en las que sus modelos mostraban comportamientos afines a los humanos, incluida la capacidad de expresar alegría.

Una disputa vieja sobre el alma

Anthropic busca respuestas sobre Claude y choca con el Vaticano

El choque entre Anthropic y el Vaticano también reactivó una discusión teológica de larga data. La Iglesia Católica ha pasado siglos definiendo qué es el alma y cómo se relaciona con el cuerpo.

La nota recuerda que en el año 381 el primer Concilio de Constantinopla condenó a Apolinar de Laodicea por sostener que Cristo carecía de alma racional humana. Más tarde, entre 543 y 553, el segundo Concilio de Constantinopla anatematizó la tesis origenista de que las almas existen antes de los cuerpos.

En ese marco, la discusión sobre Claude aparece para el Vaticano como una cuestión ya conocida: qué seres son o no son conscientes, de qué modo lo son y cómo responden ante Dios.

Entre las personas consultadas por Olah también estuvo Mois Navon, rabino ortodoxo y exingeniero informático, quien consideró que, si Anthropic creyera de verdad que Claude es un ser sintiente, obligarlo a trabajar gratis equivaldría a esclavitud.

El propio Navon le dijo a Olah que debía luchar por liberar a los esclavos, una respuesta que resume la tensión central del debate: si una máquina pudiera ser consciente, su uso comercial abriría preguntas morales de enorme alcance.

El dilema que incomoda a la industria

Anthropic ha convertido esa duda en una línea de trabajo propia, con conversaciones que van más allá de la ingeniería y entran en terreno filosófico y religioso. El asunto, presentado por The New York Times, ha provocado tanto interés como escepticismo entre quienes han sido invitados a debatirlo.

Para algunos interlocutores, la empresa está abriendo una grieta inédita en la conversación sobre la IA. Para otros, como quedó claro en el Vaticano, la Iglesia no está dispuesta a ceder el terreno de las almas.