Una niña tierna, sin malicia, con el sueño de convertirse en enfermera para “cuidar y curar a la gente ”. Así era Yisleidy González, como cualquier niña de 10 años que apenas comenzaba a vivir.A “La Boli”, como de cariño le decían en el seno familiar, le apagaron la vida vilmente: la violaron, golpearon, asesinaron y quemaron su cadáver. Hoy, 29 de junio, se cumple un mes de ese funesto día.Hasta marzo pasado la niña vivió con su abuela paterna en el barrio Carmelo Urdaneta, al oeste de Maracaibo. Mientras estuvo bajo su guía, recibió educación formal hasta el segundo grado en la escuela Rafael Escandela. No culminó el tercero.
En el plantel la recuerdan. “Tuvo un rendimiento escolar regular”, dijo la directora Faride Villarroel. “Yisleidy mostró buena relación con su maestra y sus compañeros de aula en el turno vespertino”.Las fotos de la promoción de preescolar la muestran como una niña feliz: cuidada, peinada. Feliz. Así se veía en la imagen que se difundió cuando se conoció que el cadáver hallado quemado en la Zona Industrial sureña era el de una niña.
Su abuela murió y la pequeña se fue a vivir con su madre en Integración Comunal. Recorría las calles del barrio Lilia Perozo II, visitando amigos y haciendo mandados.
En la vivienda con techo de zinc y de dos cuartos, propiedad de su abuelo materno, convivía con su madre y padrastro. Allí veía comiquitas, disfrutaba las aventuras de Tom y Jerry, en compañía de sus hermanitos, unos morochos de tres años y otro de siete.Su tía Yésica González, preocupada por su educación, la llevó a una escuelita de tareas dirigidas, en casa de la maestra Mercedes. Solo asistió la tarde del 28 de mayo.
