Al año siguiente realiza una segunda talla, a mayor escala, de Nuestra Señora del Espejo, la cual adorna con ropa y accesorios elaborados por ella misma. Desde entonces se le comienza a conocer como «Señora de la Virgen» y empieza a ejecutar formalmente figuras religiosas así como a participar en otras expresiones artísticas: pinta murales, canta, escribe poemas, realiza actos teatrales y elabora tanto el vestuario como los adornos que exhiben sus trabajos. Sus obras, tanto pictóricas como escultóricas, se insertan dentro de las características del arte popular, con colores planos, brillantes, bien definidos, que delimitan las figuras y las separan del fondo. Rafaela Baroni trabaja con pintura a base de aceite, y tras sumergir sus tallas tres o cuatro días en querosén, las deja secar antes de ponerles una o dos manos de barniz.
Además, también crea el espacio donde habitan sus personajes que giran en torno al tema de la religión y la muerte. Para su trabajo escultórico utiliza madera (saquisaque, cedrillo, caoba o naranjo) y raíces. En 1979 realiza su primera exposición en el Palacio de Gobierno de Mérida. A finales de los años setenta, comienza a crear en su casa de Boconó el Museo del Espejo, con una capilla dedicada a la virgen, una sala con diversas obras y objetos que incluyen su propio ataud, y otro ambiente con un pesebre de tamaño natural.