Otto Rojas [email protected]
Antes de morir le pidió a su mamá que la abrazara y le cantó una canción, a pesar del dolor que sentía producto de las quemaduras que sufrió en el 95% de su cuerpo, le sujetó la mano y le dijo que la amaba.
Así se despidió Francheska Daniela Rincón Urdaneta; la niña de ocho años que se quemó mientras dormía en su casa del barrio Santa Inés II, al oeste de Maracaibo, la noche del miércoles.“Mamita, abrázame fuerte, muy fuerte, porque siento mucho dolor, siento un fuego dentro de mi cuerpo (…) mira mis manos como las tengo, me quedarán feas”, dijo la pequeña, acostada en su cama en la Unidad de Quemados del Hospital Coromoto, de Maracaibo, contó, devastada, Edubilia del Carmen Urdaneta, su progenitora.
Francheska Daniela quedó atrapada entre las llamas que quemaron todos los enseres de la casa. Estaba sola, su mamá y tres hermanos habían salido a celebrar el día de la Virgen del Carmen, a pocos metros de la vivienda.
La madre relató, ayer, en el velorio, cómo ocurrió el fatal accidente. “Ella le dijo a su hermana que quería quedarse en la casa porque tenía mucho sueño. Pasó sola un poco más de una hora, yo estaba terminando de comerme una parrilla en la reunión cuando me avisaron que se había incendiado la casa”.“Corrí y cuando llegué encontré a todos los vecinos apagando el fuego con baldes con agua. La sacaron toda quemadita”, recordó con tristeza.
La niña fue velada, ayer, en una vivienda de la familia en el barrio 5 de Enero, al oeste de Maracaibo. El ataúd blanco estaba dispuesto en la sala con un crucifijo.Los parientes lloraban de tristeza al acercarse al féretro y ver a la niña con todo el cuerpo quemado.
Urdaneta expresó que el momento en que la segunda de sus cuatro hijas le cantó la canción, en su lecho de muerte, no lo olvidará jamás. “Después de eso, me salí de la habitación y los médicos me dijeron que a Francheska le quedaba poco tiempo de vida”, contó.Murió a las 9:00 de la mañana del jueves, en el “Coromoto”.
“Estoy destrozada, por mis hijos he sido madre y padre. Todos los días salgo a trabajar para poder ofrecerles lo mejor de mí. Me duele en el alma que haya muerto”, comentó, al mismo tiempo que respiraba profundamente. Francheska estudiaba tercer grado en una escuela indígena en la Guajira colombiana. Estaba de vacaciones en Maracaibo. “Debíó haber entrado de nuevo a clases el 15 de julio, pero como no tenía dinero no la pude enviar, la iba a a llevar este domingo (mañana)”, lamentó.
La describieron como una niña “alegre y familiar”. “Decía que sería veterinaria cuando creciera”, recordaron en el velorio. También le gustaba dibujar y tenía una perrita que “se murió de la tristeza cuando Francheska se fue a estudiar en la Guajira”, comentaron. Sus restos serán sepultados hoy, en el cementerio Guareira, en Mara.