Sucesos

Hijo de mujer de 70 años asesinada a golpes: Era una gloria de mujer, no tenía enemigos

El Año Nuevo no trajo alegría en el hogar Larreal-Parra. Al contrario, llenó a la familia de tristeza, dolor y, sobre todo, impotencia. El crimen de la abuela Estela Marina, de 75 años, tiñó de negro las festividades.

Este lunes, 2 de enero, a los familiares les tocó dar  el último adiós a la abuela asesinada a golpes, la mañana del 31 de diciembre. 

“Mi madre tuvo una muerte trágica, horrenda y vil. Jamás pensé que mi mamá, una mujer tan noble, bondadosa y de carácter amigable hubiese podido morir de esa forma. Era una gloria de mujer”,  dijo, cabizbajo, Oscar González, uno de los tres hijos de la víctima.

A Estela Marina, una secretaría jubilada de Pdvsa, la dentro de su casa en el complejo turístico y residencial Okinawa, ubicado en la carretera Km18-Los Dulces,  en San Francisco.

Según las primeras investigaciones de los detectives del Cicpc-Zulia, a la mujer le quitaron la vida en el patio de la vivienda —una especie de granja de una hectárea— y luego la arrastraron, unos 17 metros, hasta una zona enmontada en los fondos de la residencia.

El cadáver presentó un golpe contundente en la cabeza, precisó el examen forense. Quienes vieron el cuerpo en la escena del crimen aseguraron que a la septuagenaria le colocaron huesos de res en la boca. Al parecer, fue para silenciar los gritos. 

La abuela no estaba sola en su vivienda el día del homicidio. Uno de sus hijos se encontraba durmiendo en una de las habitaciones, pero no escuchó ninguno de los gritos.

“Cuando mi hermano se despertó a las 9:00 de la mañana no vio a mamá y le preguntó a los vecinos por ella, pero ninguno supo dar una respuesta”, contó Oscar, en el velorio.

Uno de los trabajadores del complejo Okinawa comentó, ayer, que un vigilante fue la última persona que vio con vida a Estela Marina.  Según el mismo testimonio, el empleado no ha sido interrogado por los funcionarios de la policía científica.

“El vigilante fue a buscar el pago de su semana y estuvo conversando un rato con Estela. Luego, se fue”, dijo el testigo. 

A la septuagenaria no le robaron nada.  El victimario tampoco se llevó algún objeto de la residencia. Hasta el teléfono celular de la víctima quedó tirado en el patio. Las puertas de la casa no estaban violentadas tampoco.

“Mi mamá no tenía enemigos. Su día a día era dedicarse a las labores del hogar. Regar las matas y supervisar la limpieza de la piscina era lo que hacía con frecuencia”,  aseguró, ayer, el hijo de la víctima.

Los detectives del Cicpc-Zulia investigan el  homicidio. Presumen que el asesino   sea conocido de la familia por la forma en la que ocurrió el homicidio. 

Los restos de la septuagenaria fueron sepultados, ayer, en el cementerio “El Cuadrado”, luego de una misa con cuerpo presente en la iglesia San José. 

Síguenos

Comentarios

Inicia sesión para unirte a la conversación.

Cargando comentarios…

Más en Sucesos