En el salón Corazón de Jesús, de la funeraria Serfuncreca, ubicada en Sierra Maestra, todos recordaban lo que habían compartido con la zuliana, asesinada el pasado 29 de julio por su esposo, Rigoberto Ruiz, en Santiago de Chile.
Una vecina manifestó: “Era una muchacha muy buena que no tenía problemas con nadie. No tenía mucho tiempo conociéndola, pero sí puedo decir que era un excelente ser humano”.
Conforme pasaban los minutos y se acercaba el momento de partir al cementerio, la situación se tornaba más dramática dentro del salón.
Tomás Soto, su primo, comentó: “Ella hizo un curso de pastelería antes de irse del país. Era muy buena cocinando, ya que venía de una familia que ama cocinar. Era muy dulce y amable. Es lamentable todo lo que pasó”.
