Patricia Núñez sigue pidiendo ayuda para rescatar los cuerpos de su suegra, Dora Monasterios, de 83 años, y de un vecino, Gerardo Aguilar, de 90, tras los dos terremotos del 24 de junio que sacudieron a Caraballeda, en el estado La Guaira.
Una casa destruida en Palmar Este
La docente contó que, cuando empezó a temblar, alcanzó a salir del cuarto y llegar a las escaleras de su vivienda en la urbanización Palmar Este, pero no lograba mantenerse en pie. En la casa también estaban su suegra y un vecino y amigo de la familia.
Su esposo y su hija habían salido a comprar pan. En medio del polvo y el derrumbe, Patricia abrió un hueco para escapar y, cuando logró salir, vio la magnitud de lo ocurrido. Después, los familiares regresaron a la zona entre gritos para ubicar a Dora, a Gerardo y a Nikita, la perrita de la familia.
La familia no puede costear maquinaria pesada
Patricia dijo que han buscado ayuda por todos los medios, pero que no tienen recursos para pagar maquinaria pesada que permita remover los escombros. Afirma que la respuesta de los organismos oficiales llegó tarde y que, de haber sido más rápida, más personas habrían podido sobrevivir.
También relató que días atrás se encontraron con un grupo de rescatistas del estado Trujillo que quería ayudar, pero a quienes, según su versión, funcionarios de seguridad no dejaron entrar a la parroquia Caraballeda.
La educadora dijo que su familia se siente a la deriva y que su esposo está especialmente afectado porque no quiere irse y dejar a su mamá allí.
Nikita salió viva entre los restos
La perra Nikita, a la que la familia había dado por muerta, apareció el viernes 26 de junio entre los escombros, aturdida pero sin un rasguño. Para Patricia, ese hallazgo refuerza la idea de que su suegra pudo haber permanecido con vida por un tiempo después del derrumbe.
Mientras acompaña a otras familias afectadas por la tragedia, Patricia insiste en la misma pregunta: cuánto tiempo más deberán esperar para poder recuperar los cuerpos de sus seres queridos.
