“Voy a matar a tu hija y a tu esposa para que sientan el dolor que estoy viviendo por no dejarme ver a mis hijos”, gritó Jorge Andrés Rojas, antes de, presuntamente, asesinar a su suegro Rubén Darío Mejía González (57), el pasado martes, 12 de abril, a las 4:30 de la tarde en el barrio Sabana Grande del sector Suramérica, parroquia Marcial Hernández.
El crimen lo perpetró en el patio de la vivienda de su expareja Rusmayra Mejía, hija de Rubén. Los dos hijos de 3 y 2 años presenciaron cuando su padre le disparó a su abuelo.
“Mi abuelo acababa de llegar del trabajo cuando Jorge entró a la casa con la pistola en la mano y amenazó. Él le dijo: ‘Me tendrás que matar a mí, porque no le harás daño a mi familia’. Ese hombre le disparó en el cuello y se quedó parado viendo cómo moría. Disparaba al aire cada vez que tratábamos de auxiliarlo. Se fue al ver que mi abuelo dejó de respirar”, narró desconsolada una de los 15 nietos de la víctima.
Los testigos contaron que Rojas salió de la casa y tomó como ‘escudo’ a una sobrina embarazada de su expareja, luego apuntó a un hombre que estaba dentro de un carro y lo obligó a dejarlo en la entrada del barrio Integración Comunal, en circunvalación 2.
Jorge Rojas, presunto homicida.
Rusmayra y Jorge jamás convivieron, pero tuvieron a los dos niños. Según la familia, “pese a los golpes, maltratos psicológicos y amenazas, ella nunca lo denunció por miedo”.
Hace un año y medio se separaron y desde entonces no lo dejaba ver a sus hijos “porque temía que les hiciera daño”. “Siempre perseguía a mi sobrina, iba hasta el trabajo para amenazarla por dejarlo. Un día fue ebrio hasta la guardería y pretendía llevarse a los niños. Esto ha sido un calvario y ahora una tragedia”, fue el relato de una de las hermanas de Rubén.
Parientes acotaron que dos horas después de cometer el homicidio, Rojas llamó a Rusmayra para decirle: “Vas a ser la última en morir, vas a sufrir más que yo porque voy a matar de uno a uno a tu familia. Les voy a lanzar una granada durante el velorio”.
La familia denunció que “en total, han sido unas siete llamadas de amenaza”. Rusmayra denunció el caso ante el Cicpc. Hace dos semanas, Rojas citó a su expareja para conversar sobre la situación de sus hijos, pero ella se negó. Sospechaba que tramaba algo.
Se conoció que Rojas estuvo preso y se dedicaba a vender condimentos en el centro de Maracaibo, donde conoció a su expareja. Rubén trabajaba en Mercasur y dejó cinco hijos.
“Sus nietos siempre fueron sus ojitos. Los protegía porque sabía que corrían peligro. Exigimos protección y que lo atrapen. Tenemos miedo de que esta desgracia sea mayor”, pidió la familia.