Como si tuviese una máscara de golpes, un maquillaje de angustia, Kenny Finol —la marabina asesinada en México, en febrero— grabó (cuatro meses antes de morir) un testimonio del larguísimo camino de tortura que padeció. “Me cayó a machetazos”, cuenta, mostrando un brazo con heridas.
Kenny, quien en México trabajaba como escort (dama de compañía) había sido golpeada por el principal sospechoso de su muerte, un sicario a quien apodan “El Pozole”.
La policía mexicana maneja la implicación del delincuente en la muerte de la joven de 26 años, quien se crió en Primero de Mayo, en la zona central de Maracaibo.
Mostrando un rostro golpeado, el cabello revuelto, llorosa. “La doctora me dijo que me va a agarrar diez puntos en la cabeza, porque tengo una herida muy abierta”, asegura. Kenny le pidió al sicario, en un video, que le diera tiempo para regresar a Venezuela. “Cómo voy a agarrar así pal’ aeropuerto (sic). Mirame como estoy. Me hiciste un hueco muy feo con la pistola en la boca”, explica. Sobrecoge la cadencia del acento, el reconocimiento de la zulianidad. Aunque vivía en México, la joven mantenía intacto su acento marabino. En la capital azteca había conocido a un integrante de una banda conocida como “Unión Tepito”: Brayan Mauricio González, alias “El Pozole”. El diario El Universal de México publicó que Kenny dijo a una amiga. “Él mata por gusto, ni siquiera porque le paguen, Mató a Karen (una escort argentina) y me va a matar a mi”, vaticinó.
