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«El Churry»: La cruda historia del origen de un sicario en el Zulia

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Jesús Alberto Flores Nava. «El Churry»: La cruda historia del origen de un sicario en el Zulia

Si Jesús Alberto Flores Nava  estuviera vivo tendría 25 años. Él fue el dolor de cabeza para comunidades enteras y policías, pero murió el pasado 21 de septiembre, en un enfrentamiento con efectivos del Cuerpo de Policía Bolivariano del Estado Zulia (Cpbez), con el apoyo de la Policía Nacional Bolivariana, quienes lo siguieron con atisbo y lo ubicaron rondando con tres secuaces más, en la calle 98 de la urbanización San Rafael, de Maracaibo, en una camioneta robada,  Chevrolet, color negra, con rines de lujo. 

Ya muerto, su familia lo enterró de inmediato, evitando el doloroso viacrucis de un funeral que podría concentrar a gente peligrosa como él. ¿Cómo puede un joven desviarse tanto hasta convertirse durante el 2014, antes de su muerte,  en el criminal más buscado del estado Zulia? Tan temible fue que,   para la redacción de este trabajo, todos los entrevistados resguardaron su identidad por temor a  un fantasma que dejó secuaces vivos, dolidos… Así se formó el delincuente, según testimonio recogido de allegados que tuvieron cierto contacto con él en las etapas tempranas de su vida, y otras historias  recogidas de boca de  efectivos que mucho escucharon sobre él en los predios policiales. Bautizado fue con un nombre que  buscaba acercamiento a lo sublime,    lo santo: Jesús.  Pero el nené, lejos de convertirse en el angelito que vaticinaron podría llegar a ser de adulto,  se volvió un engendro del mal.  Él fue uno de los hombres más temibles del  Zulia, un sicario al que las autoridades policiales le cuentan más de 20 asesinatos encima, sin contar aquellos donde fue el autor intelectual. Además fue señalado como   líder de una de las bandas de extorsionadores más agresivas del estado.  “Él era oriundo de Sabaneta de Palmas. Creció en medio de un hogar tranquilo, con su papá y mamá juntos. Sus padres no tenían recursos   para comprarle juguetes costosos. Entonces, él pedía prestado a sus amigos cosas que no tenía”, contó a PANORAMA un allegado, quien se atrevió a pronunciar  palabras al saber  que lo habían asesinado.   

Su apodo, “El Churry”, se derivó como un diminutivo a su nombre de pila: Jesús. De su niñez le recuerdan como un pequeñín  inquieto  comparado con la pasividad de  sus hermanos.  “Era muy salido. En el pueblo  están  sorprendidos al ver su  prontuario. Hasta hace poco, unos 10 años,  lo recordamos como el muchacho que se la pasaba jugando en la calle. Es una lástima que haya sido consumido por la maldad”, contó un habitante del municipio. El vecino agrega:  “El punto de quiebre de su vida fue la muerte de su mamá. Cuando ella murió, a su papá se le escapó de las manos la crianza de sus hijos.  Churry no era un estudiante destacado. De hecho, creo  que ni siquiera terminó el bachillerato. Se la pasaba en la calle, jugando con los muchachos del pueblo. Para  entonces,  se instalaban con fuerza en el municipio las bandas de narcotraficantes, extorsionadores, cobravacunas y sicarios. Y si estás mucho tiempo en la calle, sin supervisión de tu familia, porque están ocupados trabajando, o lo que sea, de seguro, vas a encontrar gente que te ve ocioso y te ofrece el mal. Vieron un muchacho con ciertas carencias, desocupado y sin supervisión. En la calle consiguió aliados que lo convirtieron en un monstruo”.   

Ya inmerso en las bandas delictivas, con rango raso, su carácter atrevido lo apuntaba como líder.   “Cuando su papá quiso ponerle freno ya era un hombre y no pudo. Tras la muerte de El Churry, sus compinches regaron en  Sabaneta de Palmas, en Punta de Palmas, en  El Palo, en Isla de Toas, en Santa Rita, y  en todas partes donde tenían  tentáculos, que hicieron lista de 20 personas; las que pudieron ser  ‘soplones’ dando pistas para agarrarlo fácil cuando lo mataron. Se regó que matarán a cada uno de la lista, en  venganza”, contó un vecino de Punta de Palmas. Un efectivo policial que lidió con la custodia de evidencias en  crímenes ocurridos  en Santa Rita, donde se vinculaba a “El Churry” como autor intelectual,  cuenta: “Me daba risa cuando leía en los medios  que los cuerpos de seguridad lo buscaban, aun cuando todos sabían que podían encontrarlo,  en su casa en  El Palo, o  en   casa de sus familiares en Sabaneta de Palmas. Para nadie es un secreto que esas mafias han penetrado en los cuerpos de seguridad. Quién sabe qué culebra tendrían policías con él cuando lo mataron”. Pero, en parte, el acceso a él en su comarca no era fácil. “En cierta forma la gente lo protegía porque era dadivoso con ellos. Tenía como lema: ‘A mi gente  lo que quiera’. Algo parecido a lo que hacía Pablo Escobar”, contó un allegado tratando de suavizar su prontuario. De banda en banda, comenzó a formarse líder y a conocer la fortaleza de un negocio millonario, que debía ser gerenciado infundiendo terror.  “En todo lo  relacionado al pago de vacunas, secuestros o tráfico de drogas en Miranda, él tenía sus manos. Lo último que estaba comercializando era el buche de la corvina, usado para que la droga no huela y se confunda con cargamentos de otro tipo. Tenía azotados a todos los pescadores de las costas. Trabajó para la banda de “El Mocho” Edwin, liderada luego por José Luis Leal, un prófugo que buscan desde el 2008. También estuvo en  la organización criminal El Tren del Norte. Y hasta con un grupo de chinos trabajó. Formó su  banda y se hizo grande matando, intimidando, amenazando y extorsionando. Le salió competencia con El Frederick. Entre las dos bandas juntaban más de 20 sicarios que trabajaban para ellos”, esbozó un alto funcionario policial. Sus tentáculos se estaban extendiendo peligrosamente en todo el estado:  habían salido de Miranda a Santa Rita, a La Cañada de Urdaneta, a Almirante Padilla, y estaban  instalándose con fuerza en Maracaibo.   A El Churry se le adosa el cuádruple homicidio ocurrido en Isla de Toas, así como también los últimos acontecidos en Miranda y algunos de Santa Rita. De igual modo se le señaló responsable del asesinato del locutor Víctor  Pérez, en Los Puertos de Altagracia, y el intento de asesinato de cuatro efectivos del Cicpc  en Cabimas.  Desde su muerte,  una ola de sicariatos sacude a  los municipios que fueron su trinchera: Miranda y Santa Rita. ¿Estarían tales  muertos en la lista que supuestamente circula?   Lo cierto es que, sicarios han matado  a Marcial Vergara, de 40 años, en Los Jobitos; a Alexis Rojas, alias El Mala Cara, en Santa Rita; acabaron con  Asnoldo Ramón Franco,  en Miranda, y tres días después, hombres sigilosos vinieron por Neudis José Lugo, alias “El Ovejo”, en Santa Rita. Todo apunta a una guerra entre bandas. 

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