Cuatro meses después del doble terremoto del 24 de junio que devastó La Guaira y afectó zonas de Caracas, un grupo de activistas y doulas mantiene el seguimiento de mujeres embarazadas instaladas en campamentos y refugios de la capital. La labor se centra en identificar necesidades específicas, garantizar atención médica y sostener acompañamiento psicológico mientras continúa la emergencia.
Mariandreina Montilla, comunicadora social y activista feminista, ha visitado con regularidad los campamentos de la avenida Bolívar para ubicar a embarazadas y madres lactantes. Junto con otras activistas de la Alianza de Mujeres Políticas y del colectivo feminista Uquira, comenzó a llevar insumos a los espacios donde se concentraron familias afectadas por los sismos.
El grupo detectó pronto que los donativos llegaban sin diferenciar las necesidades de las embarazadas y de los recién nacidos. Según Montilla, abundaban pañales y medicamentos, pero no siempre los adecuados para esas etapas. Por eso optaron por un acompañamiento más focalizado, con recorridos en campamentos espontáneos y en refugios instalados en escuelas.

Atención médica y seguimiento en refugios
Durante un recorrido por El Calvario, en el centro de Caracas, las activistas coincidieron con doulas de la clínica Aquamater y decidieron trabajar juntas. Lilibeth Villegas, psicóloga y doula de esa institución, explicó que la alianza permitió hacer censos iniciales y acercarse con mayor precisión a las mujeres que requerían ayuda.
Al principio repartieron kits de higiene, ropa y artículos para bebés. Luego ampliaron la respuesta cuando identificaron otras urgencias, como exámenes médicos y controles ginecoobstétricos. Montilla señaló que muchas mujeres no estaban bajo seguimiento médico, por lo que Aquamater puso a disposición sus espacios y especialistas para acompañar embarazos e incluso atender partos.

La activista afirmó que, hasta ahora, han acompañado a un número aproximado de 50 mujeres, con apoyos distintos según lo que cada caso ha requerido. En una jornada, por ejemplo, esperaban atender a 13 embarazadas, pero solo llegaron cinco debido a la movilidad dentro de los refugios. El equipo también ha trabajado en Coche, La Gran Colombia, Catia, La Guaira y varios campamentos espontáneos de Caracas.
Salud emocional, violencia y redes de apoyo
Además de la atención médica, el acompañamiento psicoemocional se convirtió en otra prioridad. Villegas explicó que el embarazo exige contención, y que el parto y el posparto también impactan en la salud mental de la mujer. En los casos atendidos por el grupo, el apoyo ha sido más prolongado y profundo porque muchas arrastran otras situaciones personales previas al terremoto.

En una de esas experiencias, dijo la psicóloga, una embarazada no había logrado conectar emocionalmente con su bebé hasta recibir atención psicoemocional y sentirse cuidada. Montilla agregó que el entorno de los refugios no siempre facilita la maternidad: en uno de los casos, una mujer embarazada con cuatro hijos quedó separada de su esposo y su hermano por los mandatos de la ayuda humanitaria, sin un espacio diseñado para mantener ese acompañamiento familiar.
Ante ese panorama, las activistas incorporaron gestoría de casos, atención psicológica y despistaje de VIH y sífilis. También invitaron a otra organización, Ámbar, para reforzar la educación sexual integral y entregar condones. Villegas y Montilla coinciden en que el reto ahora es mantener el contacto con las mujeres acompañadas y sostener una red que, más allá de los insumos, les ha ofrecido escucha, seguimiento y apoyo para atravesar el embarazo en medio de la crisis.
Montilla dijo que la intención es seguir cerca de esas mujeres, al menos hasta el nacimiento de sus bebés. En algunos casos, el vínculo ya incluye comunicación continua con embarazadas que reciben atención en Aquamater o mediante una alianza con Monitor Salud.





