El ingeniero químico y divulgador Martin Josso, responsable del laboratorio de Fotoprotección de La Roche-Posay, insiste en que la eficacia del protector solar no depende solo del factor de protección, sino también de la cantidad aplicada, la reaplicación y la textura elegida. En especial, señala que cuando se lleva maquillaje, las brumas o sprays son la mejor alternativa para renovar la protección sin alterar la base ni el acabado del rostro.
La cantidad aplicada es clave
Josso advierte que muchas personas usan menos producto del necesario, por lo que un SPF 30 puede quedarse corto en la práctica. En cambio, un SPF 50 ofrece una protección más segura, sobre todo en pieles claras o cuando la exposición solar es intensa.
La medida de referencia en laboratorio es de 2 mg/cm², aunque en la vida diaria no resulta práctico calcularla así. Lo importante, explica, es aplicar suficiente cantidad, porque cuanto menos producto se use, menor será el nivel de protección. Como orientación para el rostro, propone extender aproximadamente dos líneas de protector sobre dos dedos.
Reaplicar para mantener una cobertura uniforme
El experto subraya que reaplicar el fotoprotector sigue siendo necesario aunque los productos actuales sean estables y no se degraden con facilidad. El sudor, el roce y el contacto con objetos hacen que la película protectora se distribuya de forma irregular, por lo que renovar la aplicación ayuda a conservar una cobertura más homogénea y eficaz.
Como norma general, recomienda reaplicar cada dos horas. Sin embargo, ese tiempo debe acortarse si se ha nadado, si se ha sudado mucho o si la piel se ha secado con una toalla.
SPF 50, formato y textura
La elección del SPF depende del tipo de piel, del tiempo de exposición y de la intensidad del sol. Aun así, Josso considera que el SPF 50 resulta preferible en situaciones de mayor riesgo, precisamente porque en la práctica suele aplicarse menos cantidad de la debida.
También recuerda que el formato no cambia el nivel de protección si el producto está bien formulado y se usa correctamente. Spray, stick o crema protegen de la misma manera cuando el factor indicado ha sido medido y validado. La diferencia, insiste, está en la forma de aplicación y en la cantidad empleada.
El principal reto al formular un protector solar, añade, es combinar una alta eficacia con una textura agradable. Como el uso diario del fotoprotector es cada vez más habitual y ya no se limita a la playa, la comodidad al aplicarlo influye en que se mantenga como parte de la rutina.
Cómo reaplicar sobre el maquillaje

Cuando el protector debe aplicarse encima del maquillaje, Josso apunta que las brumas o sprays son la opción más práctica. Este tipo de formatos permite renovar la protección sin estropear el acabado del rostro, aunque no siempre se perciba el producto sobre la piel.
Además, recuerda que el hecho de no notar el producto no significa que no esté actuando. La clave sigue siendo aplicar la cantidad suficiente y repetir la protección con regularidad.
Protección durante todo el año
Josso recuerda que la radiación solar actúa sobre la piel durante todo el año, incluso en días nublados, en interiores o mientras se viaja en coche, donde la radiación atraviesa la ventanilla. Por eso considera razonable integrar el protector solar en la rutina diaria, y no solo en verano o durante las jornadas de playa y piscina.
También señala que el uso cotidiano de fotoprotector no impide una producción adecuada de vitamina D. En caso de déficit, explica, lo adecuado es recurrir a suplementos bajo indicación médica.
Otras claves para cuidar la piel

El especialista aclara que los antioxidantes cumplen una función complementaria dentro de las fórmulas, ya que el protector solar bloquea los rayos UV antes de que penetren en la piel, mientras que los antioxidantes actúan en el interior para neutralizar los radicales libres.
Sobre el contorno de ojos, indica que sí puede aplicarse protector solar siempre que esté formulado para esa zona. Algunas fórmulas incorporan tecnologías que reducen la migración hacia los ojos y existen productos testados oftalmológicamente.
Josso también descarta que el bronceado sea una protección suficiente. Lo define como una respuesta de la piel ante el daño del ADN provocado por los rayos UV, con una protección mínima que no sustituye el uso del fotoprotector.
Las zonas que suelen olvidarse
Entre las áreas que con más frecuencia quedan sin cubrir menciona las orejas, el cuero cabelludo y la parte posterior del cuello. Como ayuda práctica, sugiere aplicar el producto en dos capas: una primera pasada rápida, dejar que se absorba y luego volver a extender una segunda para asegurar una cobertura más completa.
En conjunto, Josso sostiene que la protección solar eficaz depende de tres elementos: una cantidad suficiente, una reaplicación constante y una textura que facilite el uso diario. En su opinión, esa combinación es la que permite proteger mejor la piel a lo largo del tiempo.
