El magnesio es indispensable para el organismo: participa en cientos de reacciones químicas y también interviene en la transmisión de señales dentro del sistema nervioso. Pero esa necesidad biológica no significa que tomar más cantidad vaya a mejorar el funcionamiento del cerebro ni que el mineral llegue, por ese solo hecho, a una zona concreta del cuerpo.
En los suplementos, el magnesio no se presenta solo, sino unido a otros compuestos que deben disolverse para liberar la forma iónica que usa el cuerpo. La absorción depende de varios factores, entre ellos la dosis, el contenido del estómago y la cantidad de magnesio ya presente en el organismo. En la práctica, cuanto mayor es la dosis, menor suele ser la fracción absorbida.
Más dosis no implica más efecto
La forma química también importa. El óxido de magnesio, frecuente en las pastillas más baratas, no se descompone con facilidad y suele actuar sobre todo como laxante, al atraer agua hacia los intestinos. Otras sales, como el citrato de magnesio, se disuelven mejor, pero eso no equivale a que dirijan el mineral hacia órganos específicos.
El problema, según explica el texto publicado por WIRED República Checa, es que el mercadeo de algunos productos presenta esa idea como si fuera un hecho: que ciertas mezclas químicas llevarían el magnesio directamente al cerebro o a los músculos. Esa afirmación suele apoyarse en estudios con roedores y en dosis más altas y más prolongadas que las que normalmente contiene una tableta comercial.




