Lograr un cutis uniforme y radiante a partir de los 45 o 50 años no requiere ocultar cada imperfección con capas densas de producto. La tendencia conocida como efecto soft focus se consolida como una de las opciones más favorecedoras, al apostar por cantidades reducidas de cosméticos y un control preciso de la luz sobre el rostro, tal como señala la maquilladora profesional Bea Iglesias.
Qué es el efecto soft focus
El concepto se inspira en un filtro fotográfico sutil adaptado a la realidad. El propósito central no es alcanzar un rostro totalmente mate ni brillante, sino generar una superficie de aspecto más uniforme y difuminado mediante una cobertura fina y flexible.
La experta aconseja emplear fórmulas con partículas capaces de difundir la luz y texturas satinadas o semimates. La luminosidad debe reservarse para zonas concretas como la parte superior de los pómulos, el tabique nasal, la barbilla o el arco superior de las cejas, logrando un semblante alisado y descansado sin renunciar a la naturalidad.
Cómo adaptar la base y el corrector
Con el paso del tiempo, la piel presenta más líneas de expresión, poros visibles y una mayor propensión a la sequedad. En este escenario, los acabados demasiado mates intensifican los relieves y las imperfecciones, por lo que Iglesias sugiere decantarse por bases flexibles, fluidas y modulables que no resulten secas.
En cuanto al corrector y los polvos, la recomendación es la moderación. Cubrir toda la ojera con una capa gruesa suele acentuar aquello que se desea disimular, por lo que es preferible corregir únicamente la zona oscura. Del mismo modo, el polvo debe presionarse ligeramente con brochas pequeñas o borlas en áreas específicas como la nariz o la frente, manteniendo la jugosidad en el resto del cutis.
