Alba Cardalda, psicóloga venezolana, redefine el concepto de límite en las relaciones interpersonales. Según la experta, el acto de comunicar un malestar no constituye por sí solo un límite; la verdadera frontera se crea cuando la persona decide que, ante la falta de respeto, tomará una acción que depende únicamente de ella.
El límite como consecuencia personal
Cardalda explica que un límite solo tiene sentido si, cuando no se respeta, hay una consecuencia que depende de uno mismo y no de la otra persona. Así, la imposición de un límite no busca controlar la conducta ajena, sino establecer un compromiso interno sobre lo que se está dispuesto a tolerar.
El límite como compromiso interno
La psicóloga enfatiza que el límite es un acuerdo personal sobre los propios límites de tolerancia dentro de cualquier relación. En esta perspectiva, el foco se desplaza de cambiar el comportamiento del otro a decidir lo que cada individuo aceptará o no en su vida.
La imposibilidad de imponer límites
Cardalda rechaza la idea de que una persona pueda dictar el comportamiento de otra. Según ella, las relaciones deben entenderse desde una posición de igualdad, y la imposición de límites se percibe como una orden que no puede ser obligada al otro.
Responsabilidad y decisión
Cuando un límite no se respeta, la responsabilidad recae en quien lo estableció: la persona debe decidir cómo continuar con la relación. Para la psicóloga, la pregunta fundamental es: «¿Qué hago con esta relación cuando el compromiso que me hice conmigo misma no se mantiene?».
