En Carayaca, en el estado La Guaira, varios dirigentes sociales y vecinos prefirieron quedar al final de la lista de inspecciones rápidas hechas tras los sismos de San Juan para que primero se revisaran las viviendas más vulnerables. La jornada, organizada por el profesor Sergio Silva con apoyo de la comunidad, dejó decenas de casas con señales de alerta por riesgo estructural y geológico.
Casas con daños y familias en alerta
Durante tres días de trabajo, el equipo integrado por ingenieros, arquitectos, estudiantes y trabajadores sociales inspeccionó 217 viviendas. De ese total, 42 % recibió tarjeta verde, mientras que 58 % quedó entre calcomanías amarillas, con 32 %, y rojas, con 26 %, lo que refleja distintos niveles de afectación. Las evaluaciones se hicieron con el acompañamiento de comunas y consejos comunales, que ya habían adelantado recorridos previos para ordenar las visitas.

Entre los casos revisados estuvo el de Teófilo Alemán, quien vive con su esposa y sus dos hijas en una casa rural levantada con madera y láminas de zinc en la cima de una montaña. Su vivienda fue considerada inestable, sin estructura y con riesgo geológico. Alemán, que estudió comunicación social y sueña con trabajar como periodista, insistió en que su prioridad es obtener una mejor vivienda y permanecer en la parroquia para que sus hijas puedan seguir estudiando. Una de ellas, Eleidi Nacarid, tiene 17 años y la menor se quedó sin escuela luego de que el terremoto derribara la institución Rafael Rangel.
José Benítez, integrante de la comuna 28 de Julio, explicó que su sector alberga 1.200 familias y que al menos 54 resultaron afectadas por los sismos. Aun así, orientó la caminata por Alto Paraíso para que los inspectores revisaran primero las casas de sus vecinos. Su propia vivienda quedó entre las últimas. El bombero Gustavo Córdova, líder del equipo de inspección, advirtió que varias casas no tenían columnas y presentaban áreas inseguras, por lo que recomendó a sus ocupantes salir cuanto antes.
En el sector El Cohete, Luisa Navarro recibió una de las 11 etiquetas rojas colocadas en esa zona. Aunque la noticia la llevó a las lágrimas, dijo que otras comunidades del estado La Guaira están en peores condiciones y, junto con sus hijas, preparó 200 bollitos para compartir con damnificados de Mare Abajo. Navarro pidió carpas y colchonetas para poder dormir fuera de la casa sin seguir expuesta al peligro.
También fue evaluada la vivienda de Mauari, hijo de Luisa, construida más abajo en la misma zona. Los inspectores le advirtieron que, si la tierra se desliza, la estructura podría caerle encima. Él reconoció que sabe que debe irse, pero no cuenta con otro lugar donde empezar de nuevo.
